jueves, 20 de septiembre de 2012

Choconazo: un hito clasista en la Patagonia Autor: Ariel Petruccelli

“La historia la escriben los que ganan”. La frase, contundente, crítica, motivadora, es sin embargo falsa. Aunque los que ganan han tenido y tienen un obvio interés en escribir su historia (y no hay duda de que muchas veces han dispuesto de medios incomparables para difundirla), no es menos cierto que los derrotados han mostrado una pertinaz tendencia a escribir la suya.Y si a la historia no la escriben solamente los que ganan, tampoco son ellos los únicos que la hacen. No es raro que los derrotados hayan tenido una influencia causal mayor que los aparentes vencedores en el proceso histórico mirado en plazos largos. Y no es nada raro que los vencidos se instalen en el recuerdo, cuando sus vencedores pasan irremediablemente al olvido.
Claro, en qué se recuerda, cómo se lo recuerda, a quién se recuerda y cómo se explica lo recordado no hay nada de inocente. Pese a los cuentitos escolares, sumergirse en el terreno de la historia entraña despojarse de toda inocencia. Si la realidad es un campo de batalla en el que distintas fuerzas (veladas o abiertas, claras o confusas, numerosas o exiguas) pugnan por imponer sus criterios, sus intereses, sus valores, sus objetivos ¿Cómo podría la historia ser algo distinto?
Colonizadores, opresores, explotadores y dominadores han escrito, cierto, su historia. En general lo hicieron y lo hacen bajo formas épicas, con finales felices y la implicación de que ya se ha llegado al mejor de los mundos posibles. Pero los colonizados, los oprimidos, los explotados y dominados o dominadas también han escrito su historia. Una historia más bien trágica que épica. Una historia casi nunca con final feliz. Una historia que se piensa irrenunciablemente inconclusa: lo mejor siempre está por llegar.
Y no es fruto de la casualidad que los héroes y heroínas de las clases y grupos oprimidos sean generalmente -de Espartaco para acá- figuras derrotadas. Una larga tradición de rebeldes abatidos, insurgentes fracasados y revolucionarios frustrados pavimenta los senderos recorridos. Se los recuerda y se las recuerda no por su éxito, sino por su ejemplo. Y recordar es también una manera de aprender: que cada derecho, cada conquista social, cada avance de la libertad tiene tras de sí una larga historia de luchas; que son las derrotas, los fracasos, las frustraciones del pasado los abonos ineludibles de los cambios por venir.
Las huelgas de El Chocón de 1969/70 se inscriben también es este registro. En la pequeña aldea que sigue siendo Neuquén, son el hito simbólico fundacional del movimiento obrero clasista. Y a Antonio Alac, Adán Torres, los Hermanos Wilson y Armando Olivares, Pascual Rodríguez y a los miles de obreros más o menos anónimos que
fueron parte de esas históricas huelgas, se los recuerda no por su victoria (que no fue tal), sino porque su causa era justa … y porque se animaron. Y recordaremos a Jaime de Nevares, Sara Garodnik, Ana Urrutia y tantos otros, porque se pusieron de parte de los trabajadores cuando las papas quemaban.
Los obreros de El Chocón reclamaban -¡cómo no!-aumento salarial y mejoras en las condiciones laborales. Reclamaban también, sobre todo, el reconocimiento de los delegados que ellos mismos habían elegido, y a los que la empresa y la burocrática conducción dela UOCRApretendían desconocer. Su accionar se vio sobre-determinado por un contexto social y político complejo: en medio de la dictadura de Onganía, a meses del Mayo Francés y El Cordobazo, cualquier reclamo sindical adquiría necesariamente otra dimensión. Como tantas otras veces, los trabajadores se vieron atrapados entre dos funestas opciones: aceptar una propuesta salarial que implicaba la derrota ética y política de desconocer a sus delegados; o rechazar el acuerdo cuando ya no había esperanza alguna de vencer a la empresa ni ánimo para resistir ala Gendarmería. En una dramática asamblea optaron por lo segundo. Y la gendarmería, precisamente, pondría fin al conflicto. Un vez más, la fuerza se impuso la razón. Pero, también una vez más, de la derrota obrera inmediata surgirían fundamentales elementos de victoria a largo plazo. Concretamente, las huelgas de El Chocón fueron el inicio, en nuestra zona, de la colaboración y el apoyo de otros sectores sociales (estudiantes, docentes, etc.) a los obreros en lucha. Y, como dijéramos antes, los obreros choconeros crearían el hito indiscutible del sindicalismo clasista enla Patagonia. Unohito hacia el que miran las maestras del combativo ATEN, los obreros sin patrones, y todos los que siguen soñando con un mundo sin explotación.
Para seguir leyendo:
Existe hoy en día una relativamente amplia literatura sobre las huelgas de El Chocón, accesible para el gran público. El Choconazo, de Juan Quintar (Neuquén, Educo, 1998) es el primer trabajo de corte académico publicado (si exceptuamos un viejo y breve artículo de Demetrio Taranda). El Chocón, huelga y milagro, de Benigno Calfuán (Por siempre Neuquén, 2003) es una novela histórica ambientada en el choconazo. Los comunistas y la huelga de el Chocón es una obra colectiva escrita por Francisco Tropeano, Diego Figar, Lidia Figar y Mario Lopez Alaniz (Neuquén, Educo, 2011) escrita desde la perspectiva y en defensa de la actuación del partido comunista en el conflicto, e incluye abundante documentación. Finalmente, Dios y el diablo en la tierra del viento. Cristianos y marxistas en las huelgas de El Chocón (Buenos Aires, Catálogos, 2005) es hasta ahora la mejor reconstrucción histórica de los acontecimientos.

Fuente: www.revistavientodelsur.com.ar/choconazo-un-hito-clasis

sábado, 1 de septiembre de 2012

EL CHOCONAZO: LA CLASE OBRERA ORGANIZADA

EL CHOCONAZO: LA CLASE OBRERA ORGANIZADA PDFImprimirE-mail
Escrito por editor
Lunes, 06 de Febrero de 2012 17:09

El “Choconazo” es el nombre con que se conoció popularmente la huelga y ocupación obrera de la central hidroeléctrica Chocón-Cerros Colorados, desarrollada entre el 23 de febrero y el 14 de marzo de 1970, en plena dictadura militar. El conflicto había comenzado a fines de 1969, cuando los trabajadores de Imperelio-Solazo S.A. exigiendo fundamentalmente seguridad laboral -ya habían muerto 8 obreros por desprendimiento de rocas- decidieron elegir tres delegados para que los represente ante la patronal. Lo destacable del Choconazo fue la autoorganización de los trabajadores, las asambleas masivas y la decisión de combatir contra el poder armado de la burguesía. Por Leónidas Ceruti, historiador.


Sumario
1.-Origen del conflicto
2.-La lucha continúo
3.-Autodefensa obrera
4.-Nota del periódico de la CGT de los Argentinos
5.-Ocupación por la Gendarmería
6.-Mujeres en las barricadas
7.-Lo que dejó el conflicto
8.-Citas
9.-Bibliografía utilizada


1.- Origen del conflicto
La construcción del Complejo Hidroeléctrico Chocón-Cerro Colorados fue anunciada como la “Obra del Siglo”. Llegaron obreros de todo el país y de los países limítrofes, quienes trabajaban 12 horas por día, con sueldos miserables.
En una entrevista realizada a uno de los dirigentes del Choconazo, Antonio Alac, ante la pregunta ¿Cómo se trabajaba en el Chocón?, respondió: “Las condiciones de trabajo eran pésimas y las de vivienda peor. En ese momento no nos pagaban el 40% del plus salarial por zona alejada, por zona inhóspita. Vos tenías la obligación de trabajar 12 horas por día. La gente vivía en galpones que se estaban construyendo para vivienda. Y había galpones ya construidos donde vivían 80 ó 100 personas. Una cama al lado de la otra, sin tener donde lavarse o bañarse. Los baños estaban haciéndose. No te olvides que nosotros trabajábamos con temperaturas de hasta 15 ó 20 grados bajo cero. No podías tomar vino. Las mujeres no podían venir a visitarte. ¡Una cantidad de prohibiciones que parecían de un campo de concentración!” (1)
En agosto de 1969, producto de los continuos accidentes de trabajo, que produjeron varios muertos, se realizó un reclamo, pero recién a fines de noviembre el Secretario General de la UOCRA de Neuquén, Adolfo Schvindt, prometió soluciones. Doce días después, los trabajadores se autoconvocaron en una asamblea donde eligieron como delegados a Antonio Alac, Armando Olivares y Edgardo Torres. Posteriormente, el 13 de diciembre, insistieron ante la empresa con un petitorio que incluía: 40% de aumento salarial; medidas de seguridad para evitar o enfrentar derrumbes; medidas de seguridad durante las voladuras; liquidaciones de sueldos quincenales con recibos legibles; adicionales por trabajos en que arriesgaran la vida; autorización para hacer asambleas de trabajadores, reconocimiento del sábado ingles. Asimismo, denunciaron maltratos de obreros por parte de capataces; negligencia en el tratamiento de accidentados y venta de herramientas a los obreros por parte de las empresas que los contrataban.
La empresa Impreglio-Sollazo contestó desconociendo y despidiendo a los delegados, pidiendo su detención, lo que se intentó de inmediato, pero la reacción de los trabajadores lo impidió. Se declaró la huelga hasta el reconocimiento de la comisión interna.
Luego fueron arrestados por la Policía Federal Olivares, Torres y el cura Pascual Rodríguez, y se intentó detener a Alac, pero los obreros se opusieron. El clima en la zona era hostil hacia la empresa y las fuerzas policiales. El 20 de diciembre volvieron a ser elegidos como delegados Alac, Torres y Olivares. La burocracia del gremio decidió expulsarlos.

2.- La lucha continuó
Las protestas se reanudaron en enero, y una asamblea realizada el 23 de febrero de 1970 decidió un paro, pidiéndose la restitución de los delegados y los reclamos iniciales.
La huelga y ocupación obrera de la central hidroeléctrica Chocón-Cerros Colorados se prolongó desde ese día hasta el 14 de marzo de 1970.
Participaron entre 3.000 y 4.000 obreros de la gran industria, de los cuales la mayoría pertenecían a la compañía constructora del Chocón y los restantes a las empresas constructoras de viviendas, hospitales y la villa permanente en la que vivían los trabajadores.
La huelga fue declarada ilegal. La situación empeoró cuando las fuerzas policiales y de gendarmería realizaron un cerco represivo. Los obreros levantaron barricadas, se organizaron con guardias obreras, disciplina interna, participando las familias de los trabajadores. La preocupación de las fuerzas de seguridad fue que los explosivos que se utilizaban en los trabajos cotidianos quedaron en poder de los trabajadores.
Dos caravanas desde la ciudad de Neuquén llevaron víveres a los trabajadores. A pesar de estar bajo una dictadura. que prohibía cualquier manifestación política, hubo un acto de 2.000 personas que manifestaron por las calles en su defensa.
Hubo mediaciones del gobernador y del obispo Jaime de Nevares y, a principios de marzo, se insistió con el petitorio de cinco puntos, en el que reiteraban el pedido de aumento y que se les permitiera elegir delegados. A pesar de que el gobernador Sapag declaró que los puntos eran “bastante prudentes”, la Secretaria de Trabajo los rechazó de plano.

3.- Autodefensa obrera

Consultado sobre cómo organizaban la seguridad de la huelga, Antonio Alac comentó: “Nosotros teníamos piquetes y guardias obreras que recorrían todo permanentemente. El perímetro tenía unos 700 u 800 metros. Estábamos cercados. Había patrullas de la policía, de la brigada de choque contra las manifestaciones, etc. Teníamos que cuidar cada parte del perímetro. Las guardias nuestras tenían rifle, revólveres, pistolas, bombas molotov, etc. Una de las cosas más serias que nosotros manejábamos era la cuestión de los explosivos. Había gente con mucha experiencia. Porque esa obra también se caracterizó por contar con trabajadores de distintas nacionalidades. Había brigadas de trabajadores chilenos, contratados en carpintería, que habían sido contratados poco antes de la huelga. La gente de Chile venía ya organizada con delegados. Eran como 200. Cuando llegaron, nosotros los entrevistamos. Nosotros no les pedíamos que actuaran pero les pedíamos que no trabajaran. Así lo hicieron. Después teníamos gente muy interesante, muy definida alrededor de las luchas, de origen uruguayo. También participaron trabajadores bolivianos y paraguayos. Los hermanos bolivianos era gente que tenía una gran experiencia en el tema explosivos, por ejemplo en la mina Siglo XX. Eran quienes estaban responsabilizados en este tema en algunos preparativos”.
P: ¿Ellos tenían experiencia en formas de autodefensa?
Alac: ¡Por supuesto! Ellos manejaban la dinamita... habían peleado contra el Ejército en Bolivia. Sus huelgas son famosas por el grado de resistencia que han tenido.
P: ¿Cuánta gente participaba de estas guardias obreras?
Alac: Nosotros calculábamos que por cada turno nunca bajaban de 100 trabajadores. Dependía de las horas. De noche eran grupos más chicos y más distribuidos. De día había más gente en movimiento. Te imaginas... Había más de 500 tipos caminando por allí, se caminaba, se recorría... Nadie se quedaba quieto. (2)



4.- Nota del periódico de la CGT de los Argentinos

En febrero de 1970, en el diario CGT de la CGT de los Argentinos, en esos momentos en la clandestinidad, bajo el título “El Chocón: Ahora con dinamita”, comentaba sobre la huelga: “Dicen que están dispuestos a parlamentar sin recurrir a la violencia”, susurró el alcahuete en las orejas de Rogelio Coria. Recién entonces, ‘el hombre de la cara pintada’ decidió descender del lujoso automóvil que lo había trasladado hasta las puertas de la villa Chocón-Cerros Clorados; al final de la calle, sobre una loma, tres mil obreros clavaron sus ojos en la figura bien trajeada del ‘dirigente’ Coria. Alguien no vaciló en gritar: ‘Miren la pinta de ese hijo de puta, mientras a nosotros nos corre la policía’; Coria sacó patente de sordo: ‘Muchachos, veamos cómo se puede arreglar esto’, suplicó.
“De esta manera, el pobre Rogelio se asomó al conflicto que los obreros de la construcción, afectados a las obras de la villa Chocón-Cerros Colorados, mantuvieron con la patronal Imprelio-Sollozo S.A., a mediados de diciembre. Temiendo que la lucha de las bases de su gremio perjudicara su idilio con el gobierno de los monopolios, subió al primer avión que volara hacia Neuquén, en donde lo aguardaba una comitiva policial para prestarle protección. La misma policía, precisamente, que trató de ahogar en gases lacrimógenos los reclamos de los compañeros del Chacón, produciendo heridas de consideración a los obreros Ventura Achata, Luís Amallo, Luís Arregui, Sergio Saravia Ramos y Flavio Burgos. La misma policía que no dudó en encarcelar a los delegados Edgardo Torres y Armando Olivares y al cura Pascual Rodríguez, y, que en un esmero de su profesión, se dedicara, en una sesión de tortura, a seccionarle parcialmente una oreja al delegado Torres. Así, acompañado por sus amigos de uniforme y garrote, Coria decidió jugarse el pellejo y tomar contacto con ‘sus’ bases en lucha.
“Todo había empezado cuando los obreros de Imperelio-Solazo S.A., exigiendo fundamentalmente seguridad en el trabajo (ya han muerto 8 compañeros por desprendimiento de rocas), decidieron elegir tres delegados para que los represente ante la patronal. Informada de esas inquietudes, la empresa dispuso su artillería, lista para disparar; cuando se supo que habían sido electos Antonio Alac, Edgardo Torres y Armando Olivares, en carácter de delegados, la empresa los dejó en la calle. Los obreros, indignados, decidieron ir a la huelga exigiendo la reincorporación de los despedidos. Y mientras la patronal acudía a la policía federal y provincial para reprimir las asambleas, se dejó escuchar la voz de la seccional Neuquén de la Unión Obrera de la Construcción, sucursal patagónica de la es-Coria: ‘La huelga decretada por quienes carecen de toda representación -protestaba el botón de los patrones Adolfo Schvindt, secretario general de la UOC neuquina-, no tiene toda la amplitud que, no sabemos por qué motivos, se le quiere dar. Los responsables de la situación no están ni contra la empresa, ni contra el sindicato, sino fundamentalmente contra el país’. Este participacionista patagónico, empleado de Coria en los negocios del sur, hasta le ha copiado el estilo de oratoria al mismísimo Onganía.
“A pesar de la prédica de Schvindt, los obreros prosiguieron con la huelga y, aprendiendo que la violencia policial hay que responder con la violencia del pueblo, se apoderaron de cartuchos de dinamita, piedras y palos, argumentos que resultaron suficientes para que los uniformados metieran lanzagases en bolsa y se tomaran las de Villadiego. En tanto, Coria le prendía velas a los santos cuando planeaba ‘soluciones’ junto al obispo de Neuquén, Jaime F. de Navares, o hacía la venía cuando se entrevistaba con otro medidor, el teniente coronel Carlos Bellosi, jefe del servicio de inteligencia del Ejército con asiento en Neuquén; o tomaba un refinado whisky escocés a la hora de las sobremesas junto a los patrones de Imprelio-Sollozo S. A.
“En fin, todo fue inútil, con hombres que tienen dinamita en las manos no se juega; la patronal y las ‘fuerzas vivas’ que lo acompañaban tuvieron que aceptar: Alac, Olivares y Torres fueron reincorporados al trabajo, el padre Rodríguez también, luego de ser liberado. Rogelio Coria quiso capitalizar el éxito de los obreros del Chocón, pero nadie mejor que los tres mil compañeros que enfrentaron a la patronal y a la policía para atestiguar lo contrario. Es posible, sin embargo, que Rogelio (el hombre de la cara pintada) reciba de ‘sus’ bases un obsequio en agradecimiento por su denodada lucha a favor de los intereses del gremio, y como de construcción se trata, quizás le regalen un paredón. (3)

5.- Ocupación por la Gendarmería

La empresa hidroeléctrica fue retomada por las fuerzas de represión. Eso sucedió el 14 de marzo, cuando la Gendarmería tomó la Villa Chica, deteniendo a varios dirigentes. “La dictadura tuvo que acudir a 800 hombres armados hasta los dientes para poder recuperar la central ocupada por los trabajadores. Los dirigentes -Antonio a la cabeza- fueron apresados, esposados y enviados en un avión militar a Buenos Aires, la capital, y soltados ante la presión popular. Según el testimonio de uno de los compañeros de Antonio, cuando se lo llevaban esposado, el jefe de la gendarmería le dijo a Alac: ‘Te saliste con la tuya. Te tuvimos que sacar esposado’. A pesar de todo, Antonio no había bajado las banderas ni había huido. Lo tuvieron que apresar por la fuerza”. (4)

6.- Mujeres? en las barricadas

Señalan las autoras que las mujeres tuvieron un rol que motivó su atención. Al examinar una nota del diario, comentan que en “un recuadro que refiere al acuerdo logrado alude a la distensión y al festejo tras la tensión vivida”, y señalan que “se sucedieron varios oradores, entre ellos varias mujeres de destacada actuación en los sucesos. Los nombres de esas mujeres no se consignan y sus palabras, tampoco”. Una foto que ilustra la nota central del diario, muestra a “varias mujeres, esposas de los obreros, que se dirigen hacia el lugar de la concentración llevando bolsos con alimentos para los trabajadores que en esos momentos estaban en huelga. Esas mujeres, erguidas, jóvenes, visten pantalones, pañuelos y anteojos para el sol según la moda del momento. Los hombres -policías y obreros- las miran caminar. Ellas constituyen una nota de color en el desierto choconense y contribuyen con su imagen a lograr la empatía del lector con los obreros, objetivo del diario, inserto en una política de oposición al gobierno de Juan Carlos Onganía”.
“El diario Río Negro se posiciona ante las mujeres de El Chocón, a las que no da la palabra, sino que habla de ellas como un objeto más en el escenario de la huelga. En una entrevista realiza a Ana Egea, 37 años después de la huelga, señala que las mujeres de El Choconazo son diez, y se organizan en una jerarquía de mayor a menor relevancia en el escenario discursivo: la misma Ana, las dos Mansilla, dos mujeres de obreros, la Gringa y la boliviana.
“¿Ustedes eran todas mujeres de trabajadores?
“Claro. Yo, por ejemplo, era la esposa de un chofer de los camiones, de los camiones grandes, de Terex. Pero, a la vez, tenía comedor, yo les daba de comer a obreros. Tenía dos turnos.
“¿Ustedes vivían en las casas?
“Claro, mi marido y todos los obreros que venían a comer a mi casa era como si fuéramos todos hermanos. Éramos una gran familia. A veces algunos no iban a trabajar en ese turno y venían junto con los otros. Eso lo acomodaban ellos. A mí no me interesaba porque la comida era toda igual, viste. Yo no tenía preferencias ni para uno ni para otro. Pero sí, cuando ellos llegaban a casa, ellos me ayudaban a cuidar a los chicos, a servir la comida. Yo era la cocinera, pero después lo demás era todo en conjunto. Nos ayudábamos en todo. Entonces éramos una gran familia, viste, como yo digo siempre, una gran familia.
“En el relato, Ana Egea asume diversos roles: cocinera, guerrillera, prófuga, archivista, enfermera, detectora de infiltrados, oradora ante la comunidad, madre. Establece distinciones jerárquicas: están las mujeres y las pibas (las primeras defienden a las segundas cuando la policía las insulta); la boliviana es servicial; la gringa y las otras están en la vanguardia, cercanas a Ana pero detrás de ella. Otra más, Ema Mansilla, también está siempre cerca, acompañando a Ana.
“Ana se instaura como una mujer de vanguardia, no sumisa. Presupone admitir que, aunque en el tiempo que rememora las mujeres fueran sumisas, ella no lo era: lavaba platos pero también afrontaba huelgas.
“En su discurso se percibe una tensión entre las actividades que el sentido común de la época consideraba “propias de mujer” (lavar platos, cuidar chicos, cocinar, ser ama de casa) o “lo femenino” (las flores, la emoción, las lágrimas) y las que considera “propias de los hombres” (pegarle a la policía, tirar piedras, escuchar música). Esas actividades que muestran dimensiones de la mujer real en tensión con los estereotipos sociales, se entrecruzan en pasajes del relato: “Ana se cae y se quiebra una uña; Ana escapa en la madrugada con un pañuelo brillante en la cabeza, lo que le dificulta escapar de la policía que las vigilaba; la persigue la policía y ella se tiñe el pelo para esconderse”.
“La epopeya de las mujeres tiene una dimensión discursiva propia, un universo en que el pequeño detalle, lo mínimo, hace la gran diferencia con la epopeya que tiene como protagonistas a hombres. Según el diario Río Negro, los hombres participaban en cargos de poder en las organizaciones obreras y tomaban decisiones. Esto es, las mujeres permanecerían en el espacio de la protesta en función de su vínculo con los hombres.
“Sin embargo, en el discurso de la entrevistada se pueden leer dos niveles de participación de las mujeres en el Choconazo.Uno, el de los intereses prácticos, estereotipados muchas veces en los discursos de mujeres -es el caso de Ana- en relación con el género y que surgen de los roles determinados por la esfera doméstica (“la familia”). Responde a necesidades inmediatas vinculadas con la supervivencia cotidiana. Son intereses formulados por Ana a partir de condiciones concretas que vive como mujer en la esfera de lo doméstico. Esos intereses no cuestionan la subordinación ni la inequidad de género, pero de ellos surgen, a través de la participación en la huelga, otras dimensiones de Ana. En primer lugar, los intereses estratégicos de género surgen del reconocimiento y de la toma de conciencia de la posición de las mujeres: ‘Nos dedicábamos a robar nafta de los autos de la policía, eh, nos íbamos por los caminitos viste, donde la policía no nos iba a ver, y les afanábamos nafta para las molotov nuestras, claro. No sólo para las molotov. Por ahí salían compañeros con los autos y ya teníamos nafta para el surtido porque a nosotros no nos vendían nada en El Chocón’.
“Antonio Alac las divide en dos grupos: las que vivían en El Chocón y las que participaban de las tareas de solidaridad. Comentó que ‘apoyaron y acompañaron, como esposas, en el difícil trance de organizar la subsistencia cuando había menguado e, incluso, desaparecido por completo el ingreso mensual que posibilitaba, diariamente, el almuerzo o cena. Pero otras, además, se comprometieron en la lucha sindical y política que implicaba la huelga, y no sólo opinaron en un pie de igualdad con los hombres, sino que hasta enfrentaron la represión, organizando piquetes, explicando a los varones la necesidad de no ausentarse del obrador, proponiendo medidas de lucha y participando en las asambleas con voz propia. Yo creo que ahí es donde la mujer empieza a salir. Porque fueron muchas las esposas, hijas, novias, que participaron, si no activamente, sí en lo que concerniente al apoyo material, cotidiano y afectivo a sus maridos en lucha’. Finalmente, compara la participación de las mujeres en El Chocón con la de las huelgas en la industria empacadora de fruta en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, en las que las mujeres tuvieron un papel protagónico, dado su trabajo como asalariadas en las empresas frutícolas”. (5)

7.- Lo que dejó el conflicto


Varios años de dictadura exacerbaron notablemente la explotación económica y la opresión política de las masas populares y fueron determinando la aparición de la lucha antidictatorial en las calles, en las fábricas, en las universidades. Todo se expresó en “los azos del 69”: Rosariazo-Cordobazo-Rosariazo. Lo acontecido en el Choconazo se enmarca en ese contexto.
Una de las primeras conclusiones a señalar es que la solidaridad a nivel nacional no llegó en la medida necesaria; el conflicto del Chocón se quedo huérfano del apoyo que estaba necesitando. Se sumó a ello que la mayoría de los obreros eran de otras provincias y el sostén de sus familias estaba demasiado lejos. La dictadura, la burocracia sindical y la empresa apostaron al desgaste y al aislamiento. En los primeros días de marzo algunos obreros habían empezado a retirarse.
A partir de entonces y poco a poco, la obra volvió a ponerse en movimiento. Pero, para sorpresa de los directivos de Impregilo-Sollazo, no todos volvieron con la cabeza gacha a sus trabajos. Alrededor de 1800 obreros no aceptaron reingresar en las condiciones que imponía la empresa.
Lo destacable fue la autoorganización de los trabajadores, resolviéndose todos los problemas en asambleas masivas, la forma de doble poder en el campamento de los obreros. Como sostuvo uno de los participantes “La organización se hizo en base a la solidaridad, siendo este un elemento muy importante para la prolongación de la huelga. Al quedar aislados en medio del desierto, el riesgo para los huelguistas era que se agotaron los víveres. Desde Neuquén partían caravanas que caminaban cientos de kilómetros para proveer a los obreros de lo necesario”.
Durante la huelga, los obreros destituyeron a los delegados digitados, eligieron a los propios y llegaron a defender ese derecho, al margen de la Ley de Asociaciones Profesionales. Enfrentados y dispuestos a combatir incluso contra el poder armado de la burguesía (asambleas democráticas permanentes en las que participó la población, englobando a las familias de los obreros), ejerciendo el control civil (por ejemplo contra la ebriedad, robos), sin necesidad de ninguna “policía especializada” y separada de la sociedad en un organismo especial; en otras palabras, organizando su propia vida social, de acuerdo a la voluntad expresada en forma directa por la mayoría.
La lucha de esos meses fue de gran impacto entre los trabajadores del país, y ayudó a que creciera el sentimiento antipatronal, antiburocrático y antidictatorial.

CITAS:

1.- Néstor Kohan, Rebelión, Entrevista inédita con el dirigente histórico de la clase obrera argentina. Antonio Alac, el Choconazo y las enseñanzas del clasismo. Rebelión.
2.- Néstor Kohan, op. cit.
3.- Periódico CGT, la CGT de los Argentinos, de Febrero 1970, N° 55, (en la clandestinidad) “El Chocón: ahora es con dinamita”.
4.- Néstor Kohan, op. cit.
5.- Griselda Fanese Emilse Kejner, "La Aneida: una epopeya de mujeres en una huelga de obreros. Representaciones de las mujeres que participaron en el Choconazo" (1969-1970) Universidad Nacional del Comahue. Butin, Rocío; El choconazo y las mujeres?, choconazo.blogspot.com

BIBLIOGRAFIA UTILIZADA


*.-Kejner, Emilse M. (2006), ¿Problemas en un sindicato o heroica lucha contra el Onganiato? Representaciones de las huelgas obreras de El Chocón (1969-1970). Segundas Jornadas de Historia de la Patagonia.

*.-Néstor Kohan, Rebelión, Entrevista inédita con el dirigente histórico de la clase obrera argentina. Antonio Alac, el Choconazo y las enseñanzas del clasismo)

*.- Griselda Fanese Emilse Kejner, “La Aneida: una epopeya de mujeres en una huelga de obreros. Representaciones de las mujeres que participaron en el Choconazo (1969-1970) Universidad Nacional del Comahue. Butin, Rocío; EL CHOCONAZO Y LAS MUJERES?, choconazo.blogspot.com/2009

*.-Periódico “CGT”, de la CGT de los Argentinos.

Guglielminetti en el “Choconazo” 8300

Martes 10 jul, 2012
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Guglielminetti en el “Choconazo”

Foto choconazo.blogspot.com
En diálogo con La Palangana, el periodista y escritor Juan Carlos Chaneton habló sobre la participación de Raúl Guglielminetti en la huelga del Chocón.

Chaneton se encontró con la información que involucra al imputado por delitos de lesa humanidad Raúl Guglielminetti mientras realizaba la investigación para escribir su libro “Dios el Diablo en la tierra del viento” que editó en el año 2005.
“Tuve que entrevistar a varias personas, entre ellas al ingeniero Mochkovski, que era el segundo jefe de movimientos de suelo en la época de la construcción de la presa, y a uno de los líderes de la huelga que era Armando Olivares”, expresó, contando que fueron ellos quienes le proporcionaron la información sobre las tareas que Guglielminetti realizó durante las huelgas del Chocón.
En el caso de Mochkovski, lo que él me dijo en el momento de la entrevista fue que este hombre tenía mucho interés en aprender a usar explosivos”, explicó el escritor. “En el caso de Olivares, lo que está en el libro es el tema de la infiltración como agente operativo de la represión en las asambleas obreras y el hecho de que este hombre andaba armado permanentemente”, agregó.
Si bien Chaneton expresó no tener información sobre lo que el imputado había hecho después del golpe cívico militar del ´76, sí conoce lo que hacía antes, en particular en los años 1969 y 1970. Según relató, las personas “lo advierten durante el mismo desarrollo del conflicto. Se dan cuenta que tienen una persona infiltrada ahí, que es Guglieminetti”.
Son antecedentes que se pueden muy bien tener en cuenta a la hora de evaluar qué es lo qué pasó o qué hizo esta persona a partir del 24 de marzo del 76”, reflexionó.
Sobre la imputación por homicidio a los represores, Chaneton expresó que “si se caracteriza como homicidas a los que en realidad fueron genocidas, que cometieron delitos de privación ilegítima de la libertad y de desaparición forzada de personas, se está relegando al estado de la obligación de investigar” y que de esta forma “perdería sentido la exigencia de la aparición de los archivos de la represión”.
“No es una aparición aritmética esta, que me conviene que se impute por homicidio porque de esta manera le puedo pedir cadena perpetua. No se puede tirar por la borda una figura como la de desaparición forzada de personas que es muy cara al movimiento de derechos humanos de todo el país”, fundamentó el escritor.
Sobre las pruebas presentadas, Chaneton manifestó que “el tribunal tiene que dar vista a las querella, y cada querella decidirá si incorporarlo o no”.

Escuchá a Juan Carlos Chaneton en La Palangana

A 42 años de aquella insurrección llamada El "Choconazo"

26-02-2012, 01:30| Sociedad |  

Antonio Alac, protagonista central de la rebelión de El Chocón, hombre de férreas ideas comunistas, militaba con Armando Olivares y Pascual Rodríguez, entre otros. La huelga se produjo durante el gobierno de facto de Juan Carlos Onganía en diciembre de 1969 y del 23 de febrero al 14 de marzo de 1970. Diana Alac, hermana de Antonio, fue militante montonera y aún continúa desaparecida.
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Por VICKY CHÁVEZ
Neuquén > A 42 años de producida la huelga de la represa de El Chocón, cuyas implicancias políticas y sociales tuvieron repercusión nacional, reflexionamos sobre cuáles fueron los motivos que llevaron a su concreción y cuáles fueron los resultados obtenidos. A través de la entrevista oral, indagamos sobre la ideología que primaba en el pensamiento de los obreros y sobre las reivindicaciones por las que luchaban.
Uno de los protagonistas de aquel relevante hecho histórico fue Antonio Alac, nacido en General Conesa el 8 de enero de 1937. Era el único hijo varón (tenía cuatro hermanas) de Estanislao Alac y Aurora Cabezas.
Su padre, oriundo de Yugoslavia, llegó de polizón en barco a la Argentina -de “croto” como decía-, escapando de la Primera Guerra Mundial. Tuvieron la mala fortuna de que a su arribo, en nuestro país se aplicaba una ley anticomunista y por ser inmigrantes los encarcelaron por un breve lapso.
Al poco tiempo arriban al Valle. Estanislao pudo enterarse de que en la localidad rionegrina de Villa Regina se había formado la Comunidad Yugoslava, por lo que inmediatamente tomó contacto con ellos.
Al poco tiempo, consiguió trabajo en las cuadrillas que hacían caminos. Pero no todas eran buenas noticias: a Aurora, su esposa, que esperaba a la quinta hija del matrimonio, le detectaron cáncer de útero. Apenas nacida la pequeña, Aurora falleció. Por ello, Estanislao se vio en la obligación de “repartir” a sus hijos.
Antonio fue a un orfanato hasta los 9 años, edad “tope” de manutención. Sus hijos relatan que entre sus recuerdos infantiles, "siempre recordaba que en el hospicio los hacían arrodillar en el maíz, para ‘pagar’ la culpa de alguna travesura”.
Así es que a partir de los 9 años Antonio comenzó a acompañar a su padre al trabajo. Allí tomó contacto con los yugoslavos de quienes mamó las ideas del amor por las tradiciones, la fuerza y la competencia.

Convicciones políticas
Sus ideas comunistas, heredadas de su padre, lo hicieron partícipe de la lucha social y sindical. Siempre hizo sentir sus razones en los distintos trabajos que ocupó: en el petróleo, cuando fue camionero, hasta que a fines de los años '60 fue contratado por Impregilo-Sollazo, empresa italiana que venía a construir la represa hidroeléctrica de El Chocón.

Su familia
Formó su familia con Raquel Ortiz, con quien tuvo dos hijos: Carolina y Matías, que atestiguan con orgullo lo que fue su padre.
“Tenía el don de emanar cariño. Luchó siempre, era el eje de su vida, la unión entre los distintos sectores sociales, en donde dejaba de lado los intereses particulares”, dijeron sus hijos.
Apreciaba la unión entre la Iglesia y el pueblo, representada, en este caso, por el obispo Jaime De Nevares y el cura obrero Pascual Rodríguez.

Vísperas del “Choconazo”
Durante la primera quincena de diciembre de 1969 se reunieron Antonio Alac, el cura obrero Pascual Rodríguez y Armando Olivares para analizar la crítica situación de quienes estaban construyendo la represa: accidentes fatales, inseguridad laboral y maltrato de los capataces italianos.
El clima era especial; el plantel de obreros contaba con trabajadores provenientes de provincias en donde ya habían sucedido revueltas por reivindicaciones sociales, como por ejemplo el “Cordobazo”.
El estado de ánimo era de rebeldía y de lucha. Los reunidos, que realizaban militancia semiclandestina, debatieron sobre la precariedad laboral de la obra y, además, sobre la petición de un aumento de sueldo del 40 por ciento. Luego elevaron la propuesta a las autoridades. Al no ser atendida se desató, en ese caluroso diciembre de 1969, la primera etapa de la huelga general.

Segunda etapa
Habían transcurrido dos meses de la primera huelga, y los obreros estaban empapados de entusiasmo para tratar de lograr las mejoras solicitadas, ya que en la primera etapa no habían conseguido nada.
Armando Olivares nos relató que poco después, en enero, junto con otros compañeros asistió a una reunión del sindicalismo combativo en Córdoba, convocada por Agustín Tosco y Raimundo Ongaro para elaborar un plan de acción contra la dictadura de Juan Carlos Onganía.
Dicha reunión fue prohibida, pero igualmente celebrada desde la clandestinidad. Al regresar a Neuquén se enteran de que fueron expulsados de la UOCRA, como represalia porque ellos, como delegados con mandato de asamblea, habían participado de esa reunión del sindicalismo combativo. Por ello movilizan a sus compañeros y el 13 de febrero de 1970 decretaron la huelga. Durante la medida de fuerza se realizaban asambleas todos los martes con orden del día abierto; se eligieron delegados por sector en asambleas y resolvieron reclamos como ascensos, porcentajes por trabajos especiales, la provisión de agua caliente y frenar el maltrato de los capataces italianos, entre otras reivindicaciones. Además, se organizaron barricadas para resistir la presión del gobierno, y se realizaban ollas populares.
A los pocos días de iniciada esta segunda etapa de la huelga, la UOCRA la decretó ilegal. Sin demoras, agentes de la Policía Federal comenzaron a llegar a la fábrica.
Una semana después de iniciada la huelga, fue designado gobernador de la provincia Felipe Sapag. El flamante mandatario se ofreció como mediador en el conflicto, pero fue rechazado por el Ministerio de Trabajo. En tanto, la empresa ofrecía pagar la quincena si se volvía a trabajar o renunciar y volver a las provincias. Después de diez días de medidas, compañeros de otras empresas volvieron a trabajar. La última asamblea fue realizada el 13 de marzo de 1970 “para considerar la propuesta final de la comisión mediadora integrada por representantes de la dictadura”. Asistieron, entre otros, el obispo De Nevares y Sapag.
“El obispo y la dirección del Partido Comunista nos hicieron llegar sus opiniones favorables a la propuesta", relató Olivares. “La misma consistía en que si aceptábamos dejar de ser delegados, se convocaba a elecciones de inmediato y podíamos presentar candidatos. En ese momento sabíamos que estábamos derrotados. Éramos unos 300 en huelga. Del resto de los 1.200 la mayoría habían regresado a sus provincias y el resto volvieron a sus puestos de trabajo. Los 800 obreros de otras empresas subcontratistas estaban trabajando. Abrí la asamblea como me lo había pedido Antonio y le dí la palabra al cura obrero. Pascual, con vos cansada y algo insegura, explicó brevemente la propuesta y pidió que se debatiera. Se debatió y se rechazó la propuesta. Los compañeros estaban en silencio. En sus rostros curtidos se veía cansancio, tensión y resignación. El debate continuó con redoblada energía con un discurso cargado de subjetivismo. Sentenciaba que aceptar significaba claudicar y no respetarse a sí mismos.”
La lucha clasista del Chocón tuvo el apoyo unánime de la clase trabajadora y de otros sectores sociales, pero no logró todos sus objetivos.
Triunfó porque hizo tambalear aún más a la dictadura, de Onganía que ya había recibido durante el Cordobazo un primer e importante cimbronazo. Además, instaló un ejemplo en la historia para el conjunto de la clase trabajadora.
Pero la empresa hidroeléctrica fue retomada por las fuerzas de represión. La dictadura tuvo que acudir a 800 hombres armados para poder recuperar la central ocupada por los obreros. Los dirigentes fueron apresados, esposados y enviados en un avión militar a Buenos Aires y soltados ante la presión popular.
A pesar de todo, Antonio no había bajado las banderas ni huido. Lo tuvieron que apresar por la fuerza. La “derrota” de los obreros fue una contundente "victoria" moral.

Homenaje
Los amigos y compañeros de Antonio Alac le realizaron un sentido homenaje a su pérdida. Recopilamos y sintetizamos las palabras pronunciadas en el acto, material suministrado por sus hijos Carolina y Matías.
Todos los que hicieron uso de la palabra hicieron hincapié en la nobleza de Antonio, de su lucha por lo popular, por la unión entre los distintos sectores.
Su ilimitado humanismo, predicaba con el afecto. Luchador revolucionario. Su opción eran los pobres. Humanizar el mundo era su sueño. Soñaba con crear un sindicalismo de liberación.
El padre Rubén Capitanio, quien resaltó sus virtudes, destacó el coraje de Antonio como también de De Nevares. Recordó que Antonio decía “Me acusan de ser comunista. Y sí, compañeros, soy comunista”. Además, subrayó su oratoria, como también el cariño y la ternura que prodigaba con todos.
Resaltó que el Choconazo fue una medida posible debido a los obreros "corajudos y decididos" que la llevaron adelante: Antonio Alac, Pascual Rodríguez y Armando Olivares, entre tantos.
Capitanio consideró también que “se puede hablar de un antes y un después del Choconazo, en la relación obreros-patronal. La Patagonia venía amenazada, oprimida. Alac hizo que se rebelaran contra la opresión; un gesto de democracia obrera. Por este motivo Neuquén fue la capital de los Derechos Humanos.”
Durante el homaneje también habló Liliana Obregón, maestra combatiente, quien conoció a la hermana de Antonio, Diana Alac, que está desaparecida.
Hablaron también las representante de Madres de Plaza de Mayo filial Neuquén y Alto Valle de Río Negro, quienes consideraron que era un gran compañero, presente siempre en las marchas de la resistencia; un hombre simple, honesto, que daba todo por los demás.
Dos amigos, Néstor y Gabriela Kohan, consideraron que Antonio era “fanático de la Patagonia". "Era parte de una generación que apostó todo a la revolución. Era sencillo, cordial y modesto. Figura legendaria, gran luchador del Choconazo, su vida era un insulto a los burócratas”, precisaron.
Se encontraban también presentes en el homenaje a Alac, Alcides Christiansen y el "Vasco" Etchebaster, trabajadores de la UOCRA que habían llevado adelante la huelga de Piedra del Águila en 1986.
Recordaron que Antonio era “el compañero Alpargatas” porque tenía los pies anchos de tanto recorrer barrios y no le conseguían zapatos para comprarle.
Todos coincidieron en que era un gran luchador y un soñador de un mundo mejor.

"Elegía la vida digna"
Juan “Rancho de Paja” Godoy, uno de los obreros de Piedra del Águila, dijo que Antonio “más allá de las ideologías, optaba por el pueblo dejando de lado las diferencias. Elegía la vida digna de las personas. Nunca fue un dirigente, era un compañero coherente, honesto, generoso, entregaba hasta lo que no tenía. Era un revolucionario con ternura, era el hombre que acompañaba, intercambiando opiniones con sencillez y honestidad. Era revolucionario todos los días y en todas partes, la revolución era su vida”.
También hablaron Eduardo Suárez, amigo de Antonio, Patricio Echegaray y Julio Fuentes en nombre de la CTA.
Una persona lo recordó con una frase de José Martí: “La muerte es nada cuando se ha hecho bien la obra en vida”.
Carlos Segovia lo recordó de la siguiente manera: “Antonio era querible, tenía la amplitud de un hombre ubicado ideológicamente, amplio; que apostó a la unidad, respetando a todos los sectores sociales. Compraba voluntades, generoso, dio su vida por los demás. No le interesaron las riquezas, vivió y murió pobre. Trabajó desde muy temprano en el sindicato de la fruta”.
Otro militante, de apellido Salas, lo recordó con afecto diciendo que "luchó desde los 17 años contra el cáncer de la humanidad: el capitalismo”.

Compromiso
Enviaron cartas de adhesión la Biblioteca de la ciudad de Allen, y la Agrupación de Chilenos de Río Negro y Neuquén.
Cuando le tocó el turno a Arturo Nahuel, dirigente del sector de la educación, manifestó que “no se puede discutir educación sin discutir política”. Dijo que no conoció directamente el Choconazo, pero cuando conoció a Antonio y a Pascual Rodríguez, y a Godoy sintió la emoción de la militancia. "El compromiso de los docentes se tiene que transformar en conocimiento social”, concluyó.
Compañeros de Antonio, representantes de comunidades indígenas de Río Negro manifestaron su tristeza y confirmaron la ternura, el cuidado, el afecto que les prodigaba Antonio.
Otro compañero de Antonio expresó que “tenía la idea del socialismo aferrado al intelecto. Pasaba de la discusión a la acción. Era sujeto transformador de la acción política”.
Seguidamente se leyó una carta de Pascual Rodríguez quien expresó que “honrar a Alac es honrar a los trabajadores”.
Otro amigo leyó el poema "Pueblo" de Pablo Neruda, en clara comparación con la descripción que hace el poeta.
Patricio Echegaray, representante del PC, cerró el homenaje con el enorme orgullo de que Antonio se haya forjado, desarrollado y trascendido en sus filas. “Es un héroe del campo popular, su homenaje es ejercicio de la memoria del reconocimiento al pueblo. Fue un gran dirigente de El Chocón. Se rebelaron contra la dictadura. Lucharon por la no explotación del hombre por el hombre”.
En la última parte del homenaje habló un joven militante del PC y nombró a Olivares, Alac, Rodríguez y Torres como “los cuatro mosqueteros en una lucha mítica. Porque una cosa es una huelga urbana y otra era en obras en medio del desierto. Antonio era un hombre de fuertes convicciones revolucionarias. Hoy hay que nutrirse de él y de sus ejemplos. Es imprescindible, dador de fe”.
Esta es la distinción que sus amigos y el pueblo le hizo a Antonio Alac, un hombre de fuertes convicciones que sin amedrentarse ante la adversidad de enfrentar un gobierno militar, sin medir las consecuencias que ello acarrearía, luchó sin descanso para lograr las reivindicaciones que creía justas. La ideología predominante era la comunista y como tal eran ideas revolucionarias que pretendían cambios profundos. Antonio, además, tenía el don de la unidad. Las demostraciones de cariño y la admiración a la hora de su partida, son prueba de ello.

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