jueves, 3 de diciembre de 2009

Cuando El Chocón...III

Cuando El Chocón...II

Cuando El Chocón....

Fotos del ayer

Y el lago?


La foto que pueden observar les muestra el futuro Barrio 2 , pero todavía no se ve el Lago Exequiel Ramos Mexía que quienes visitan El Chocón pueden observar desde las casas de este Barrio.

Parece un cuento fantástico , el día que se llevaron el lago.

La foto posiblemente sea entre finales de 1971 y principio del año 1972.

Espero que les guste este hallazgo. Hasta un proximo encuentro...

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Repasando la Historia III

Repasando la Historia II

Conociendo Villa El Chocón













Villa El Chocón está ubicada a 80 kilómetros de Neuquén capital. El nombre de la localidad según los folletos de turismo proviene Chocón, que en mapuche significaría “hombre entumido de frío o muerto de frío”. “Juan Manuel de Rosas a través de la quinta parte del “Diccionario Pampa Ranquel - Español” consigna “CHOCON” sin acento, “THOCON”, estar tras pasado de agua y frío y “THOCON” o “CHOCON” sin acento: estar entumido o traspasado el cuerpo de agua y frío. Es decir que hace aproximadamente 170 años que este lugar se llama “CHOCON” por Juan Manuel de Rosas (1765- 1884).
El 06 de febrero de 1783 Basilio Villarino en su expedición por los ríos Negros, Limay y Collón Cura al observar para el lado rionegrino le pareció ver a un “Gigante de Rodillas”, desde ese momento se conoce el lugar como “LOS GIGANTES” hasta que gran parte de ellos quedaron bajo el agua del Lago Artificial “EZEQUIEL RAMOS MEJIA”.
CHOCON es un paraje de la margen izquierda del río Limay sobre el camino al sur que costea a este río. El cual en 1875 era un lugar famoso por la abundancia de “VIBORAS de la CRUZ” (según “Felix San Martín”). 2 (datos extraídos..)
También hay dos significados más para este término, uno que alude al choque del agua sobre las rocas y el otro del arqueólogo regional Rodolfo Casamiquela. Según este estudioso de la patagonia, el ambiente de este lugar de otras épocas pasadas sería más templado, lo que permitiría el crecimiento de una planta de la especie de los tubérculos que los antiguos lo utilizarían para comer y para hacer un tipo de harina (una especie de mandioca patagónica), este alimento sería llamado shocon.



Características de la población
TIPO DE MUNICIPIO: DE TERCERA (ENTRE 501 Y 1500 HABITANTES)
HABITANTES DE VILLA EL CHOCÓN:
TOTAL: 957 HAB.
VARONES: 506 HAB.
MUJERES. 451 HAB.
Análisis Poblacional

De acuerdo a datos del Censo Nacional de Población, Vivienda y de Hogares, realizado en el año 2001 por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la población de Villa El Chocón es de 957 habitantes, presentando un aumento del 25 % con respecto al Censo del año 1991.
El 70 % de la población vive en los Barrios de la Villa Hidronor (I, II y III).
El restante 30% vive en el Barrio Llequén.


Fuente: Elaboración en base a datos obtenidos en encuestas realizadas por alumnos de Planificación y Gestión de Centros Turísticos (Facultad de Turismo, Universidad Nac. del Comahue) a la población de Villa El Chocón. Octubre 2005.
DOCENTES: Msc. Susana Marioni; Arq. Elisa Gallego y Lic. Carolina Molins

Repasando la Historia

viernes, 9 de octubre de 2009

El agua como recurso estratégico II


Segunda parte
Cuidar el agua es proteger la vida

El planteo anterior nos muestra la importancia del agua para la vida. Pero cabe pensar que si es un derecho humano y un bien social debe estar convenientemente protegida para que sea suministrada a toda la Humanidad.
La distribución sobre la superficie de la Tierra no es homogénea sino que presenta diferentes concentraciones en función de la historia geológica del planeta.
Grandes extensiones de territorios padecen de una escasez muy pronunciada de este recurso, que condiciona severamente el desarrollo de la actividad humana.
En primer lugar cabe acotar que el agua dulce en el planeta es de alrededor del 2.5-3.0 % del total que existe en la Tierra, la que debe destinarse a diversos usos como agricultura, industria, potabilidad, etc.
La mayor parte se encuentra en los hielos polares y los glaciares, que constituyen la mayor reserva de agua con que cuenta el globo.





Esta realidad trasladada a los pueblos genera graves situaciones que con el correr del tiempo pueden transformarse en polvorines generadores de conflictos bélicos de magnitud y consecuencias sin precedentes.
Algo más de 1100 millones de personas en el mundo carecen de agua potable.

Alrededor de 2400 millones de personas no cuentan con instalaciones sanitarias adecuadas.

En el triángulo formado por Túnez, Sudán y Pakistán, por ejemplo, a cada habitante le corresponde, en promedio, algo menos de 1000 m3 de agua dulce por año, que se considera una situación de “ escasez crónica” .
Pero el problema no sólo es cuantitativo sino también cualitativo:
En los países en vías de desarrollo, el 90 % de las aguas residuales y el 70 % de los desechos industriales se vierten a las aguas de superficie sin tratamiento previo.
La desaprensión humana ha hecho que usemos nuestro tanque de agua como letrina. Lo que no haríamos como personas individuales, como sociedad lo estamos haciendo. Los ríos nos proporcionan el suministro de agua potable por un lado, pero por otro constituyen los sumideros donde se arrojan los desechos cloacales sin tratamiento alguno. Lo mismo ocurre con los efluentes industriales. Diversos productos empleados en la agricultura como pesticidas, fertilizantes, etc, producen eutrofización en las cubetas lacustres ligadas a los embalses y cuencas interiores. Los acuíferos en gran parte han sido contaminados con productos tóxicos para la salud de animales, plantas y personas
Uno de los resultados de esta situación es la eutrofización de lagos y mares como el de Azof que se observa en la fotografía satelital anterior.
Esto ha traído, a su vez, otra consecuencia no menos grave:
Cinco millones de personas mueren por año por enfermedades vinculadas con el agua.
Esta cifra supera ampliamente a los muertos por las guerras.
Pero esta situación se complicará seguramente en las próximas décadas en función del crecimiento de la población mundial:

CIEN MIL
AÑOS A.C.……………….... 3.5 MILLONES
AÑO 2000 D.C……………. 6000 MILLONES
AÑO 2025 D.C……………. 8000 MILLONES.

La superpoblación en áreas urbanas con el correr del tiempo traerá aparejado problemas muy difíciles de resolver en cuanto al suministro de los servicios elementales ligados al agua potable y servicios sanitarios.



Hay regiones del Mundo que han sido favorecidas en esta distribución del agua.
Si se observa el mapa Suramericano vemos las grandes cuencas distribuidas desde el Norte con el Orinoco, pasando por la Cuenca del Amazonas:
Esta Cuenca que alberga gran parte de la Biodiversidad del Planeta y junto a la Cuenca del Plata, constituyen las imponentes reservas de agua dulce más importantes que nos posicionan ventajosamente con respecto a otras regiones del Mundo.
Además hay que agregarle el Acuífero Guaraní, formidable reserva geológica de agua dulce que proporcionará el líquido elemento a millones de habitantes por cientos de años.

El Sistema Acuífero Guaraní que es una reserva de agua fósil de 132 millones de años y de una extensión aproximada de 1200000 Km2 se ha constituido en uno de los mayores reservorios de agua dulce del Planeta. Esta es una de las características particulares que presenta el continente Suramericano.
Riqueza en agua significa riqueza biológica : las más de dos mil especies que viven en la Cuenca del Amazonas constituyen la mayor reserva de peces y de biodiversidad del Planeta. A ello debemos sumar la riqueza forestal y de infinidad de especies que constituye el pulmón del planeta: la selva amazónica. Nada de ello sería posible sin la presencia del agua
Lamentablemente, la enorme riqueza biológica de los ecosistemas de agua dulce enfrenta hoy una severa crisis, de una magnitud nunca antes experimentada, en la que la continuidad de la vida en la Tierra está gravemente amenazada.
Las actividades humanas han impactado sobre estos ecosistemas de agua dulce contaminándolos, secándolos o reduciéndolos a su mínima expresión.
Riqueza en agua significa buenos servicios ambientales : porque la biodiversidad ligada a los ecosistemas de agua dulce significa aire puro, ya que la naturaleza contribuye a descontaminar tanto suelo como atmósfera.

El vapor de agua es el responsable de mantener las condiciones de temperatura atmosférica necesarias para la vida mediante un efecto invernadero natural . El recalentamiento del planeta alterará indefectiblemente el ciclo hidrológico generando una modificación climática muy difícil de evaluar en sus justos términos.
“Somos la última generación que tiene la posibilidad de evitar la extinción masiva de plantas, animales y microorganismos”
“Somos la última generación que tiene la posibilidad de mantener la continuidad de la vida en la Tierra”

“Tal vez éste sea el mayor desafío que debemos enfrentar como Sociedad”






Pero a esta realidad debe sumarse la concepción de desarrollo ligada a un consumismo más comprometido con un nivel de vida basado en el derroche y en la dictadura del mercado, aplicado en ciertos países principalmente del Hemisferio Norte.



Este despilfarro más identificado con ganancias infinitas y producción industrial masiva inaugurado en la Revolución Industrial ha ejercido una presión de “rapiñaje” sobre los recursos naturales y hoy aplica el mismo criterio sobre este recurso indispensable para la vida. Los recursos naturales no pueden ser tomados como “commodity” en beneficio exclusivo de las compañías multinacionales.
Esta situación plantea escenarios complejos ya que los países ricos se preparan para asegurarse la provisión de las fuentes de agua más importantes del Mundo.



Tercera parte
Reconfigurar el manejo de Cuencas, declarándolas
“Cuencas hídricas protegidas”

Los pueblos son los únicos propietarios de los recursos naturales existentes en sus respectivos países, y son ellos quienes deben ejercer su soberanía a través de la administración y manejo de los mismos, mediante la implementación de una adecuada legislación. A ello debe sumarse una decidida acción de los Gobiernos que con claro sentido nacional están obligados a proteger estos recursos de manera que garanticen un uso sustentable y sostenible para ésta y las generaciones venideras.
El mayor tesoro que tenemos son las reservas de agua y debemos protegerlo para aspirar a una mejor calidad de vida.
A modo de ejemplo vale esta reflexión:
Si consideramos 20 mil m3 por segundo el caudal de la Cuenca del Plata y le damos un valor de 15 centavos de dólar al m3, un simple cálculo nos lleva a concluir que:
“El valor económico anual de la Cuenca ronda los 94600 millones de dólares, cifra equiparable con la deuda externa de Argentina”

Si consideramos la Cuenca del Plata, que cubre unos tres millones de Km2, vemos que es el asiento de la mayor parte de la agricultura del MERCOSUR, ya que la producción de granos de la región supera los 100 millones de toneladas anuales. De ella depende gran parte del sustento de la región y buena parte de su potencial exportador.
Los países que integran la Cuenca concentran una producción equivalente al 70 % de su PBI y tienen una población de más de 100 millones de habitantes. Estos datos abonan la concepción de que las cuencas hídricas son estratégicas para el desarrollo de los países ya que regulan su economía de diversas maneras: incidiendo en su agricultura, clima, transporte, recreación, salud, etc.
De manera que el análisis de lo antes expuesto nos lleva a las siguientes conclusiones:
“La integración continental es una necesidad que se debe materializar a través de la unión de los pueblos”
“La soberanía consiste en la capacidad de los pueblos de controlar los recursos naturales y de generar sus propios conocimientos”

“El control soberano sobre los recursos naturales se debe ejercer a través de leyes que unifiquen los intereses comunes de los pueblos”

“La protección de los recursos hídricos debe pasar por reconfigurar el manejo de las cuencas, a los efectos de protegerlos de la privatización por parte de las multinacionales”
Como consecuencia de este breve análisis, desde la Asociación de Trabajadores del Estado, de Neuquén, Argentina

PROPONEMOS:
“Declarar CUENCAS HÍDRICAS PROTEGIDAS a las Cuencas del Orinoco, del Amazonas, del Plata y al Sistema Acuífero Guaraní”
“Que a partir de este FORO se trabaje en nuestros respectivos países coordinando el dictado de leyes que garanticen el punto anterior”
Aldo Héctor Villavicencio
ATE Neuquén. Argentina - 21 de Julio de 2006

El agua como recurso estratégico



Foro realizado en Neuquén bajo el nombre "LOS RECURSOS NATURALES Y LA CRISIS DEL SIGLO XXI"
EL AGUA UN RECURSO ESTRATEGICO Y UN BIEN SOCIAL-ALDOHECTOR VILLAVICENCIO -ASOCIACIÓN TRABAJADORES DEL ESTADO (ATE).NEUQUEN 21 DE JULIO DE 2006




Primera parte
El Universo es un ser vivo

El Universo es una estructura en permanente transformación donde la vida se manifiesta de mil maneras distintas, desde el colosal estallido de una supernova hasta la microscópica bacteria que despliega su casi increíble organización en ambientes extremos de un ignoto planeta como la Tierra. Es , en sí, una gran entidad viviente, nutre todas las cosas, les da vida, les permite funcionar
La Galaxia de las Antenas muestra la colosal agrupación de materia que se repite en diversos puntos del Universo. Miles de millones de galaxias contienen la materia visible que constituye el fantástico telón de fondo donde se manifiesta la Ley de Impermanencia: todo fluye, todo se transforma, todo lo que nace muere, repitiéndose en un eterno ciclo de cambio.
Las estrellas formadas por Hidrógeno, nacen de nubes interestelares, y se transforman en hornos nucleares donde se sintetizan los demás elementos que podemos encontrar en la materia visible de nebulosas, planetas, y demás cuerpos que constituyen el Universo conocido. Entre ellos, el Oxígeno.
La vida de una estrella puede tener distintos finales en función de sus masas iniciales, pero nos interesa particularmente uno de esos mecanismos de evolución:
Las pavorosas explosiones de Supernovas que inyectan ingentes cantidades de materia al espacio pasando a formar parte de las nubes interestelares. La imagen anterior muestra la explosión de la Supernova Eta Carinae a 10 mil año-luz de nosotros que inyectó al espacio interestelar nubes de Nitrógeno y otros elementos a una velocidad de tres millones de Km por hora. De esta manera permiten el nacimiento de nuevas estrellas de “segunda generación” que eventualmente, formarán sistemas planetarios similares a nuestro Sistema Solar. Aquí es donde aparece la vida como la conocemos.



200000 millones de soles (estrellas) es la masa de la Galaxia de Andrómeda donde existen 200 millones de probabilidades de que existan sistemas planetarios similares al nuestro, es decir, donde la vida puede manifestarse con todo el esplendor con que la conocemos en la Tierra. Las Galaxias tambien nacen y mueren como todos los seres vivos que están contenidos en el basto Universo.
Como consecuencia de esta evolución galáctica se ha originado nuestro planeta hace unos 4500 millones de años.
Este largo proceso que ha ido preparando las condiciones para que la vida haga su aparición en la Tierra adquirió sucesivas configuraciones lo que provocó la larga historia geológica y los acontecimientos biológicos que el hombre de a poco está descubriendo y comprendiendo.
En esta historia hay un compuesto que como común denominador configuró la evolución de la vida: el agua.
La tierra primitiva formada por un magma incandescente a medida que se fue enfriando conforme a la Ley de Stefan-Bolztman, condensó vapor de agua y gases tóxicos como Acido sulfhídrico, Dióxido de azufre, Amoníaco, etc. y otros gases como el Dióxido de carbono. Se formó así una atmósfera sumamente agresiva para las delicadas formas de organización que posteriormente se conocerían como seres vivos.
En este escenario dio comienzo ese proceso de organización de la materia que con el correr del tiempo desembocaría en el maravilloso mundo de biodiversidad que hoy conocemos y del cual formamos parte.
El proceso de enfriamiento antes mencionado continuó hasta que condensó la mayor parte del vapor de agua formando los incipientes mares, y por último los océanos que hoy conocemos y que han otorgado a nuestro mundo el nombre de Planeta azul por el aspecto que presenta desde el espacio.

Es en estos océanos donde se afianzó el desarrollo de la vida hasta que se expandió a tierra firme. Nosotros somos el resultado de esta evolución.
Nuestra vida quedó indisolublemente ligada al agua de manera que podemos afirmar que:

“El agua se expresa en la vida”

Pero no solo nosotros, los seres humanos, hemos recorrido ese camino, sino todos los seres vivos que hoy contribuyen a crear un ambiente único, perfectamente equilibrado, que ha permitido una explosión de formas vivas que nos cuesta imaginar que sea el resultado de un proceso evolutivo y no de un acto milagroso.
Nuestro cuerpo expresa esa relación de origen: el 70 % del peso corporal es agua. Todos los seres vivos, de una forma u otra presentan una constitución parecida.
Estamos tan ligados a la Tierra que con frecuencia se compara nuestra constitución somática con la estructura de la misma:
Nuestros vasos linfáticos guardan un asombroso parecido con los deltas, como vemos aquí el Parque Nacional Glaciar Bay , en Alaska, EE.UU. El agua sería la sangre de nuestro planeta, y como la nuestra, tiene una concentración salina de 4 gr. por litro.
Todos los seres vivos que hoy conocemos en la Tierra están formados principalmente por agua y en ese medio se desarrollan todas las reacciones químicas que permiten mantener la vida de los organismos terrestres.
No podría haber vida sin ella y si bien fue fundamental para su origen, sigue desempeñando un rol determinante en su existencia.
Las civilizaciones se han desarrollado cerca de las fuentes de agua.
Ello es una prueba más que refuerza la idea de que los seres vivos y el líquido elemento son inseparables. En la mayoría de las religiones el agua se concibe como sustancia y fundamento del origen y la continuidad de la vida.
Pero tambien juega un papel preponderante en la constitución de los climas terrestres ya que es indispensable para la transferencia de materia y energía en la superficie del planeta.
En efecto, los vientos, las lluvias, el granizo, la nieve no son más que medios mediante los cuales la atmósfera distribuye la energía radiante que llega del Sol.











La superficie refleja gran parte de la energía incidente siendo distinta la fracción que absorbe la superficie de los mares, tierra, vegetación, etc.
Esta virtud hace que la atmósfera terrestre proporcione las condiciones adecuadas para el desarrollo y la consolidación de la vida sobre su superficie.
La ruptura de este delicado equilibrio por la acción irresponsable del ser humano ha conducido al Calentamiento global que está generando incontables problemas de los más diversos tipos.
Este calentamiento decididamente altera las condiciones ecológicas que han hecho posible la aparición de las diversas formas de vida sobre la superficie de la Tierra , porque entre otras cosas, afecta el ciclo del agua, incrementando su evaporación y acentuando a su vez, el efecto invernadero, propiedad que también pertenece al vapor de agua.
Las vista satelitales que hoy, gracias a la tecnología, podemos apreciar, son incuestionables y ponen de manifiesto las consecuencias nefastas que podemos acarrear a nuestra casa.

LEYENDA DEL NEUQUEN Y EL LIMAY

Cuenta
la leyenda que Neuquén y Limay eran hijos de dos caciques tribales que tenían sus reinos uno al norte y otro al sur.
Eran grandes amigos y nada turbaba su leal camaradería, hasta que un día, en que cazaban juntos, oyeron una dulce voz que cantaba entre las frondas de los arrayanes.
Dirigiéndose hacia el lugar, hallaron a orillas de un lago a una hermosa joven mapuche de largas trenzas, ojos negros y talle esbelto y frágil, llamada Raihué (Flor Nueva). En viaje de regreso los dos jóvenes notaron que algo se había introducido en sus almas, que se interpuso en su plena y antigua camaradería. Pasada las lunas y consultada la "Machi" (Adivina) por ambas familias, comprendieron cuál era la causa del distanciamiento de aquellos jóvenes que antes eran como hermanos, por lo que decidieron someterlos a una prueba, para que el destino decidiera. Le preguntaron a Raihué qué era lo que más deseaba en el mundo a lo que contestó "tener una caracola para que me diga como es el rumor del mar". Los jóvenes entonces tendrían que llegar hasta el mar y traer una caracola, el que primero llegase tendría el amor de la joven como premio.
Consultados los dioses, convinieron que lo más rápido para llegar al mar sería convertir a los jóvenes en ríos. Así lo hicieron y partieron de sus respectivos reinos. El Espíritu del viento sintiéndose desplazado y celoso comenzó a intrigar a Raihué, susurrándole al oído por las noches, que Neuquén y Limay no volverían nunca más, pues las estrellas que se caen al mar se convierten en mujeres hermosas y encantadas que atrapan a los hombres y los encadenan en el fondo del mar...
Raihué, angustiada comenzó a marchitarse de pena y dolor, mientras los jóvenes seguían su carrera salvando numerosos obstáculos, y la porfía del viento que los incitaba a volver. Cuatro veces cuatro lunas pasaron desde que los mapuches se marcharon y aún el mar estaba lejos. Raihué, mustia, marchita casi con un hilo de vida, haciendo un esfuerzo se arrastró hasta el lago donde conociera el Amor y alzando los brazos a Nguenechén (Dios) le ofreció su vida a cambio de la salvación de los jóvenes. A medida que rezaba sus pies se convirtieron en raíces que penetraron lentamente en la tierra, su cintura se afinó en verde tallo, su busto se esparció en tiernas ramitas y su boca se abrió en roja flor. El viento queriendo disfrutar del dolor de los jóvenes se lanzó a darles la noticia soplando con tanta furia que desvió el curso de ambos hasta juntarlos. Al enterarse que Raihué había muerto de amor por ellos, sólo atinaron a abrazarse fraternalmente y así, unidos en un abrazo que nunca terminará, continuaron su camino hacia el mar, llorando el luto de Raihué.
Así nació, al juntar ambos sus márgenes, el río Negro.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Una triste pérdida: nos ha dejado un obrero del Chocón

El jueves 27 de agosto se fue un ser maravilloso:Hernando Vaca.
Vecino del Chocón desde 1969, el año del choconazo.A sólo unos meses de conmemorarse cuarenta años, de los días que marcaron un antes y un después en las huelgas regionales, nos ha dejado un gran hombre.
El año pasado en el marco de la investigación sobre El Choconazo, lo entrevisté para tener la palabra de uno de los pocos que fueron protagonistas de la huelga y que continuaban viviendo en El Chocón.

Tanto el como su esposa rememoraron esos días y coincidimos en señalar la importancia de no perder de vista lo que nos ha sucedido como localidad, para de a poco construir nuestra identidad local y poder ser custodios de nuestro recursos.
No olvidaré aquella entrevista el mensaje final : que la huelga no se perdió , sino que sin ella los que vinieron después y los que se quedaron no habría tenido condiciones dignas de existencia.


Sólo me queda recordarlo con una frase de Berthold Bretch
"Hay hombres que luchan un día y son buenos; hay otros que luchan varios años y son mejores, pero están los que luchan toda la vida esos son los imprescindibles".

Mi pequeño homenaje a todos los que sin su sudor,sus lágrimas, su frío, su trabajo y ante todo su dignidad nos han dejado lo mejor que nos han podido dejar: su ejemplo.Hasta siempre y Gracias.



En este homenaje no me olvido de todos los que se fueron antes: Antonio Alac, Pascual Rodriguez, Monseñor De Nevares y todos los hombres y mujeres que lucharon por hacer del Chocón , un lugar maravilloso en el mundo.

Las Mujeres y el Choconazo II



-4-La epopeya, género masculino
El diario Río Negro apoyó a los obreros en huelga con extensión y compromiso12,
en crónicas periodísticas que revelan el posicionamiento de los
periodistas13 en el marco de los confl ictos y junto a los trabajadores. Las voces
de los obreros son más citadas que las de los representantes de las empresas,
y en muchas ocasiones son reproducidas literalmente en fragmentos extensos
o en documentos completos. Las imágenes de aquellos aparecen connotadas
positivamente en un rol heroico, en el marco de crónicas que se construyen
como gestas épicas con los obreros como protagonistas. Así, el diario guía a
los lectores hacia la “lógica del partisano” (Tcach, 2003) que manifi estan en sus
discursos los obreros de El Chocón, según la cual las organizaciones armadas
–y las luchas sociales– son el corolario de un ciclo de larga duración que había
comenzado con el golpe de Uriburu, en 1930, y que había obligado a las
10 En la edición del 18-05-1969.
11 Nro. 469 – 10 al 16 de marzo de 1970.
12 Entre las fechas señaladas más arriba, el confl icto apareció en 126 páginas del diario, sin
contar los resúmenes de acontecimientos de fi nes de 1970. Eso signifi ca que, en un año y
45 días, un promedio de una edición cada tres días hizo referencia al Choconazo. En los
puntos álgidos de las huelgas, todos los días se publicaron varias páginas completas en
referencia al confl icto.
13 Futuras etapas de este trabajo de investigación deberán incluir entrevistas a los periodistas
involucrados y análisis de esas entrevistas.
organizaciones civiles a vivir en guerra, infi ltradas por el enemigo constituido
por las Fuerzas Armadas. En esta explicación de la violencia en Argentina –y
de los discursos que constituyen violencia– la política es entendida necesariamente
como milicia y la organización social como ejército. El confl icto social
responde a una lógica de “matar o morir”, como lo muestra un ejemplo de la
edición del 15 de diciembre de 1969. El Río Negro titula: “Momentos de intenso
dramatismo se vivieron en El Chocón el sábado”, y narra:
“(…) Los obreros Armando Olivares, Antonio Alac y Edgardo A. Torres
fueron despedidos por la patronal y puestos en custodia de funcionarios de
la Policía Federal armados con ametralladoras. Los obreros, en número de
700, rodearon el vehículo policial dispuestos a ‘hacerse matar’ –agregaron
con énfasis– y luego de unos instantes de tensa vacilación, los funcionarios
optaron por dejarlos en libertad. (…) La posición de los obreros es
irreductible: hasta tanto no sean repuestos los tres compañeros despedidos
arbitrariamente y luego reconocidos como delegados del gremio, no levantarán
las medidas de fuerza. El comité de huelga está constituido en sesión
permanente en el pabellón 14, habitación 3, dispuesto a escuchar y hacerse
escuchar (…)”.
En la edición del 18-05-1969, el Río Negro dedica una doble página a
hacer la crónica del triunfo de la primera medida de fuerza. Dice la bajada
de la nota principal:
“La nota más importante en el desarrollo del movimiento obrero de El Chocón,
que ha adquirido amplia repercusión no solamente en el país sino en el
exterior, la dio la concesión de la libertad a los cuatro obreros que se mantenían
detenidos en la delegación Neuquén de la Policía Federal (…)”.
En esa trama discursiva, las mujeres tienen un papel que motivó nuestra
atención. Un recuadro que refi ere el acuerdo logrado alude a la distensión
y al festejo tras la tensión vivida, y señala que “se sucedieron varios oradores,
entre ellos varias mujeres de destacada actuación en los sucesos”. Los nombres
de esas mujeres no se consignan y sus palabras, tampoco.
La foto que ilustra la nota central de esa edición, con un tamaño de
tres columnas por 15 centímetros, muestra a “varias mujeres, esposas de los
obreros, que se dirigen hacia el lugar de la concentración llevando bolsos con
alimentos para los trabajadores que en esos momentos estaban en huelga”
(epígrafe). Esas mujeres, erguidas, jóvenes, visten pantalones, pañuelos y
anteojos para el sol según la moda del momento. Los hombres –policías y
obreros– las miran caminar. Ellas constituyen una nota de color en el desierto
choconense y contribuyen con su imagen a lograr la empatía del lector con los
obreros, objetivo del diario, inserto en una política de oposición al gobierno
de Juan Carlos Onganía. Tanto el discurso como las fotografías instalan enla imaginación del lector una visión favorable a los obreros en huelga por
vía de representarlos acompañados de sus mujeres, cuya intervención da
un toque de domesticidad a la protesta social, enmarcada, como habíamos
señalado, en una retórica heroica. Las imágenes de esas mujeres responden,
en gran medida, al estereotipo (Amossy y A. Herschberg Pierrot, 2001)14
del “descanso del guerrero”. La Penélope de Odiseo, por ejemplo, responde
a ese estereotipo.
Hombres y mujeres, en el discurso del Río Negro, están inscriptos en una
trama que –siguiendo a Mijail Bajtin (1991)– podría denominarse una épica
de “su propio tiempo”. Una épica, generalmente, construye narrativamente
un tiempo pasado glorioso. El mundo de la epopeya es el de un pasado nacional
heroico, el mundo de los “comienzos” y de las “cimas” de una historia
nacional, el mundo de padres y de ancestros, el mundo de los “primeros” y
de los “mejores”. También es posible, según Bajtin, percibir el tiempo que
se está viviendo desde el punto de vista de su signifi cación histórica como
tiempo épico heroico, distanciado, como visto desde las lejanías del tiempo
–y no por el contemporáneo mismo, sino a la luz del futuro. En este caso,
el presente no es visto en el presente y el pasado en el pasado; el narrador
se extrae de “su propio tiempo”, de la zona de contacto familiar con su yo
(Bajtin, 1991:48).
Los motivos épicos –los relatos, las memorias, los recuerdos, los protagonistas–
que presentan lo contemporáneo en forma heroica – como canciones
que existen y que son accesibles–, sólo han aparecido después de la creación
de las epopeyas, sobre el terreno de una tradición épica. El Choconazo y sus
protagonistas, en alguna medida, cobran esta dimensión en la región y el país
por el efecto en el imaginario social de algunos discursos, que tradujeron en
gestas las noticias que llegaban desde los lugares de los confl ictos. El diario
Río Negro, creemos, contribuyó en ese momento a trasponer elementos de
una épica ya consolidada a acontecimientos y a hombres contemporáneos.
Contribuían a eso una simbología de la obra monumental como signo de
progreso y el territorio natural sobre el que la misma se asentó.
Siempre siguiendo la interpretación bajtiniana de la épica como la forma
de delimitar y narrar un mundo representado como “más allá” de lo contemporáneo
–representado así, insistimos, aunque contemporáneo–, cabe señalar
que en las condiciones imperantes bajo un sistema patriarcal, los representantes
de los grupos dominantes pertenecen en cierto sentido, en cuanto tales, al
mundo de los “padres”, y se encuentran separados de los demás hombres por
una distancia cuasi “épica” (Bajtin, 1991:41). En esta distribución del poder,
las mujeres, por defi nición, estarían muy lejos de los hombres.
14 Clichés y estereotipos pueden funcionar como mediadores entre individuo y sociedad, a
manera de representaciones cristalizadas en tópicos literarios.
La transposición del mundo representado por la epopeya con esa distancia
épica reviste una signifi cación positiva plasmada en una categoría de valores
jerárquicos específi ca. En la concepción épica, “principio”, “primero”, “lo que
pasó”, etc., no son categorías puramente temporales sino que dependen a la
vez del tiempo y de valores cuyo grado superlativo representan, y que hallan
cumplimiento tanto en relación con los hombres como en relación con las
cosas y los fenómenos del mundo épico: en ese pasado todo está bien, y todo
lo que está verdaderamente bien pertenece exclusivamente a ese pasado.
Ahora bien, como plantea Jean Franco (1996):
“‘hacer hablar al subalterno’ históricamente ha sido una estrategia mediante
la cual el saber se usa para asentar el poder. Por esto, tenemos que tratar de
entender no sólo quién hace hablar a la subalterna y para qué, sino darnos
cuenta también de los géneros de discurso que ‘permiten hablar’”.
En tal sentido, entendemos que la distinción de género compenetra todo
el campo cultural y, por ende, también los géneros discursivos. Al referirse a
la relación entre género del discurso y género sexual, Jean Franco recuerda
la importancia que Bajtin otorga al interlocutor en la defi nición del género.
En este caso, el diario Río Negro se posiciona ante las mujeres de El Chocón,
a las que no da la palabra, sino que habla de ellas como un objeto más en el
escenario de la huelga. En la crónica-epopeya periodística sobre las huelgas
de El Chocón, la lucha tiene héroes y antagonistas (Kejner, 2006). Y, como
es sabido, las mujeres de la épica suelen ser objeto de amor o de deseo, pero
nunca protagonistas: Helena es la causa de la guerra de Troya, pero Homero
nunca le da la palabra en la Ilíada. En fi n, la épica es un género que no permite
hablar a la mujer: es por antonomasia, masculino.
Por el contrario, la entrevista de tipo investigativa, como la que hemos
realizado junto a Ana Egea, pretende dar la palabra a la “subalterna”. En
realidad, no es la entrevista como fuente para este trabajo la que permite la
palabra, sino la entrevista de historia oral, que, si bien es un monólogo guiado
e incitado –en nuestro caso– por la entrevistadora (Benadiba y Plotinsky,
2005), tal guía no tiene otro fi n que no sea el de recuperar y registrar las
experiencias de vida almacenadas en la memoria de quien las vivió.
Y aquí es donde nos encontramos con la epopeya de Ana. El pasado épico
es para los tiempos futuros la única fuente y el único origen de cuanto ha sido
logrado –de cuanto ha sido bien logrado–. Esa reconstrucción épica de un
origen –en tanto es origen de cambios subjetivos y de cambios sociales– resulta
constitutivo del relato de Ana Egea, como veremos enseguida.
Ana Egea
En el relato de Ana, 37 años después de la huelga, las mujeres de El
Choconazo son “diez”, y se organizan en una jerarquía de mayor a menor
relevancia en el escenario discursivo: la misma Ana, “las dos Mansilla, dos
mujeres de obreros, la Gringa y la boliviana”15.
En la construcción discursiva de sí misma, hay una traslación del trabajo
del cónyuge como propio: “Éramos Ema Masilla, la hermana, dos compañeras
más de trabajo que no me acuerdo los nombres ahora”. Sin embargo, no es el
ser mujer de un obrero lo que la transforma en dirigente, sino ser la mujer
protagonista en el comedor, el lugar de la “gran familia” en la que Ana es la
esposa y madre de todos, la fi gura central:
“– ¿Ustedes eran todas mujeres de trabajadores?
– Claro. Yo, por ejemplo, era la esposa de un chofer de los camiones, de
los camiones grandes, de Terex. Pero, a la vez, tenía comedor, yo les daba
de comer a obreros. Tenía dos turnos.
– ¿Ustedes vivían en las casas?
– Claro, mi marido y todos los obreros que venían a comer a mi casa era
como si fuéramos todos hermanos. Éramos una gran familia (…) A veces
algunos no iban a trabajar en ese turno y venían junto con los otros. Eso lo
acomodaban ellos. A mí no me interesaba porque la comida era toda igual,
viste. Yo no tenía preferencias ni para uno ni para otro. Pero sí, cuando
ellos llegaban a casa, ellos me ayudaban a cuidar a los chicos, a servir la
comida. Yo era la cocinera, pero después lo demás era todo en conjunto.
Nos ayudábamos en todo. Entonces éramos una gran familia, viste, como
yo digo siempre, una gran familia”.
En el relato, el yo enunciativo de Ana Egea16 asume diversos roles: cocinera,
guerrillera, prófuga, archivista, enfermera, detectora de infi ltrados,
oradora ante la comunidad, madre, intocable. El nosotros del enunciado
incluye al yo de la enunciación sumado a los obreros en huelga; mientras
que nosotras suma yo a las mujeres de los obreros en huelga, lo que ubica
15 Como es evidente, no todas tienen cabida en la memoria de Ana.
16 El sujeto de la enunciación no debe confundirse con el sujeto empírico o con el locutor.
Potencialmente, todos somos hablantes de una lengua. Nos transformamos en locutores
cuando tomamos la palabra. Al hacerlo, tenemos la facultad de asumir la enunciación
como sujetos. El producto del acto de enunciación –el enunciado– revela qué sujeto hemos
construido. Los contextos de la enunciación, los objetivos del locutor, la representación
de un pasado en el caso de Ana, pueden generar sujetos que quedan representados en el
enunciado y que no necesariamente –y casi diríamos: necesariamente no– son reproducción
del sujeto empírico.
a la primera persona en una enunciación colectiva doble y, como efecto de
discurso, genera una representación de sujeto empírico poderoso: de mujer
poderosa.
También aparecen las otras, si bien no en rol semejante al antagonista
de la epopeya masculina, aunque sí, como sucede en ésta, Ana establece
distinciones jerárquicas: están las mujeres y las pibas (las primeras defi enden
a las segundas cuando la policía las insulta); la boliviana es servicial; la
gringa y las otras están en la vanguardia, cercanas a Ana pero detrás de ella,
caracterizadas como ligeras. Otra más, Ema Mansilla, también está siempre
cerca, acompañando a Ana.
En su epopeya, Ana se instaura como una mujer de vanguardia, no sumisa.
Presupone admitir que, aunque en el tiempo que rememora las mujeres
fueran sumisas, ella no lo era: lavaba platos pero también afrontaba huelgas.
En su discurso se percibe una tensión entre las actividades que el sentido
común de la época consideraba “propias de mujer” (lavar platos, cuidar
chicos, cocinar, ser ama de casa) o “lo femenino” (las fl ores, la emoción, las
lágrimas) y las que considera “propias de los hombres” (pegarle a la policía,
tirar piedras, escuchar música). Esas actividades que muestran dimensiones
de la mujer real en tensión con los estereotipos sociales, se entrecruzan en
pasajes del relato: Ana se cae y se quiebra una uña; Ana escapa en la madrugada
con un pañuelo brillante en la cabeza, lo que le difi culta escapar
de la policía que las vigilaba; la persigue la policía y ella se tiñe el pelo para
esconderse. Los hombres dirigentes no relatan nada semejante. La epopeya
de las mujeres tiene una dimensión discursiva propia17, un universo en que
el pequeño detalle, lo mínimo, hace la gran diferencia con la epopeya que
tiene como protagonistas a hombres.
Sara Garadonik, empleada judicial residente en la capital neuquina que
integró la comisión de solidaridad con los obreros y que no participaba activamente
en la huelga, recuerda a Ana como “la dirigente de la cocina” (una
dirigente de agallas) a diferencia de otras mujeres que hacían tarea de vínculo,
de lazo entre El Chocón y Neuquén. No obstante, la participación de Ana en
la protesta y en la política siempre está impulsada y regulada por hombres:
su marido –“o la política o nosotros”–; Antonio Alac –por cuya intervención
Ana se afi lia al Partido Comunista–; “Monseñor” Jaime de Nevares –el obispo
de Neuquén, cuya autoridad confi ere a Ana una especie de inmunidad–. El
tratamiento de “monseñor” revive una aceptación implícita de la jerarquía
social y la construcción de sí en función de esa jerarquía, una suerte de
emulación inconsciente de la relación de liderazgo viril que creaba la épica
masculina clásica. Ésta exige la modelación de las acciones individuales –y
17 Este trabajo constituye un primer paso en la consideración acerca de las características
discursivas del género que postulamos como “epopeya de mujeres”.
la construcción de sí, podríamos agregar– como efecto de la infl uencia del
aristos anêr -el mejor hombre (Bassi, 2003).
En el discurso de Ana Egea, por un lado, se puede leer un primer ethos18
que la proyecta desde el rol doméstico hacia el espacio público de la huelga.
Este es un papel que concentra habilidades en la gestión de condiciones para
la vida cotidiana, lo que signifi ca, en el marco de la huelga, condiciones para
la continuidad de la medida de fuerza. En el discurso de Ana, la participación
de las mujeres se percibe y se valora como intermediación para los fi nes del
bienestar.
Aunque predomina una concepción instrumental de la participación de
las mujeres –“la boliviana es servicial”–, desde ese primer rol instrumental
se proyectan otras imágenes –la guerrillera, la oradora– que se inscriben en
una mística de la mujer múltiple, que no disminuye o elimina las desigualdades
de género sino que las confi rma. La participación de las mujeres se
concentra en cuestiones y tareas vinculadas a las necesidades básicas de la
“familia” que representa a la comunidad de obreros en protesta, aunque –en
el caso de Ana– las otras actividades parecen surgir de intereses estratégicos
de la huelga, en tensión con su propia necesidad de hacerse visible. Mientras
tanto, según el diario Río Negro, los hombres participaban en cargos de poder
en las organizaciones obreras y tomaban decisiones. Esto es, las mujeres
permanecerían en el espacio de la protesta en función de su vínculo con los
hombres.
Sin embargo, en el discurso de la entrevistada se pueden leer dos niveles
de participación de las mujeres en el Choconazo. Uno, el de los intereses
prácticos, estereotipados muchas veces en los discursos de mujeres –es el caso
de Ana– en relación con el género y que surgen de los roles determinados
por la esfera doméstica (“la familia”). Responde a necesidades inmediatas
vinculadas con la supervivencia cotidiana. Son intereses formulados por
Ana a partir de condiciones concretas que vive como mujer en la esfera de lo
doméstico. Esos intereses no cuestionan la subordinación ni la inequidad de
género, pero de ellos surgen, a través de la participación en la huelga, otras
dimensiones de Ana. En primer lugar, los intereses estratégicos de género
surgen del reconocimiento y de la toma de conciencia de la posición de las
mujeres:
“(…) La pasamos feo. Y como mujer, viste, tenés que luchar y luchar y luchar.
Aquél tiempo, no era como ahora. Ahora tenemos los mismos derechos
del hombre. Allá no. Allá (…) Aparte, nosotros en una vuelta, las mujeres
18 Esta noción de origen aristotélico fue reformulada por Maingueneau (1984, 1991, 1993)
como una representación del cuerpo del garante del discurso. Quien lo emite, asume su
responsabilidad y crea su credibilidad. El ethos contribuye de manera decisiva a la legitimación
del discurso.
que habíamos nos dedicábamos por ejemplo a hacer bombas molotov,
todas esas cosas”.
Vinculadas a asuntos de interés público, las mujeres inician así lo que
podría llamarse una política “informal” generada desde el entorno cotidiano
y a partir de su necesidad de cambiar una situación social. Esto es, establecen
relaciones de fuerza y presión con el poder, o contribuyen al fi n de enfrentar
al poder (los empleadores de los hombres); demandan y gestionan recursos
para la vida cotidiana; protestan, negocian y ejercen infl uencia; contribuyen
al sostenimiento de condiciones básicas para la continuidad de la protesta,
es decir, desarrollan proyectos más allá de lo cotidiano; ejercen habilidades
ciudadanas (hablan en público, administran recursos públicos, como los de
una olla popular); logran autoestima y prestigio social; adquieren poder de
liderazgo en su terreno, evidente en la pervivencia de la fi gura de Ana en
textos periodísticos, en fotos y en textos de historia19; y, fi nalmente, representan
un patrón de participación en la vida política:
“(…) Así que bueno, nos dedicábamos a robar nafta (…) de los autos de la
policía, eh, nos íbamos por los caminitos viste, donde la policía no nos iba
a ver, y les afanábamos nafta para las molotov nuestras, claro. No sólo para
las molotov. Por ahí salían compañeros con los autos y ya teníamos nafta
para el surtido porque a nosotros no nos vendían nada en El Chocón”.
En alguna medida, consciente o inconscientemente, hoy Ana se presenta
como un modelo de participación. Proyecta imágenes de sí transgresoras y
19 Juan Chaneton (2005) dedica en su libro unas páginas a las mujeres para recuperar su papel
protagónico. A partir de una digresión cuando su entrevistado Antonio Alac le nombra a la
“Gorda Ana”, las divide en dos grupos: las que vivían en El Chocón y las que participaban
de las tareas de solidaridad. Dice que “[…] apoyaron y acompañaron, como esposas, en el
difícil trance de organizar la subsistencia cuando había menguado e, incluso, desaparecido
por completo el ingreso mensual que posibilitaba, diariamente, el almuerzo o cena. Pero
otras, además, se comprometieron en la lucha sindical y política que implicaba la huelga,
y no sólo opinaron en un pie de igualdad con los hombres, sino que hasta enfrentaron la
represión, organizando piquetes, explicando a los varones la necesidad de no ausentarse
del obrador, proponiendo medidas de lucha y participando en las asambleas con voz
propia. No dejaban, por ello, de atender otras imposiciones de la vida cotidiana”. Todos
los entrevistados, señala Chaneton, en aras de la reconstrucción de este pretérito olvidado,
coincidieron en otorgar un protagonismo destacado a “la Gorda Ana”. Formula una breve
biografía de Ana y la cita: “Yo creo que ahí es donde la mujer empieza a salir. Porque
fueron muchas las esposas, hijas, novias, que participaron, si no activamente, sí en lo
que concierne al apoyo material, cotidiano y afectivo a sus maridos en lucha”. Chaneton
interpreta que “la participación femenina se vio facilitada porque las mujeres no querían
quedarse solas ya que la policía las molestaba”. Finalmente, compara la participación de
las mujeres en El Chocón con la de las huelgas en la industria empacadora de fruta en el
Alto Valle de Río Negro y Neuquén, en las que las mujeres tuvieron un papel protagónico,
dado su trabajo como asalariadas en las empresas frutícolas.
transformadoras, al tiempo que deja ver en su discurso cambios subjetivos
producto de la experiencia en lo público, y cambios de sentido en lo público
como efecto de la acción de los sujetos:
“(…) No permitía la policía que nos vendieran combustible. No, no (…) los
comercios estaban todos adheridos con nosotros. El único que no funcionó
más fue el comedor obrero, porque como ese era pagado por la empresa
(…) No, no, lo borraron ellos mismos. Pero toda la gente que había cerca
de la sirena, que nosotros le decíamos la sirena, decíamos que era una sirena
que teníamos nosotros para (…) Que se tocaba para entrar y salir del
trabajo, pero nosotros la invadimos [ríe], la agarramos para entrar y salir
de la huelga (…)”.
La “huelga” –término connotado peyorativamente–, un evento público
designado por Ana desde el marco de referencia de lo privado, se instituye
en término positivo –“familia”– como efecto de la subjetividad de Ana, que
apunta a reconstruir una memoria aceptable para la posible comunidad de
receptores de su relato.
La Ana que hemos entrevistado revela una representación de la mujer
en el Choconazo que es contrapartida de la “mujer-nota de color” del Río
Negro. Pasiva y decorativa ésta; transformadora de sentidos y transgresora,
aquélla. Ana es la protagonista de su propia épica: su memoria no es una
memoria lírica sino novelesca.
Justamente, la importancia del testimonio oral es que hace surgir la imaginación,
el simbolismo, el deseo (Benadiba y Plotinsky, 2005):
“(…) La diversidad de la historia oral consiste en el hecho de que las declaraciones
‘equivocadas’ son psicológicamente ‘verídicas’ y que esa verdad
puede ser tan importante como los relatos factualmente confi ables”.
Podríamos aventurar que las condiciones en que hoy construye Ana su
memoria, le permiten revelar su propia epopeya: es aquí cuando interviene
la historia oral para completar la historia basada en fuentes escritas (Portelli,
2001). Es la entrevistadora quien –haciendo las preguntas, deseando las
respuestas– crea el marco y la condición de existencia del relato de la mujer
que intervino en aquellas protestas y aquellos cambios sociales sin poder
tomar la palabra.
En trance entre la Evita de los ‘50 y las guerrilleras de los ‘70 –aunque
esto no parece novedad, ya que la cronología misma lo dice– las mujeres del
Choconazo emergen en la prensa e incluso en la memoria de Ana Egea, aún
no como protagonistas de movimientos de mujeres, sino como protagonistas
del movimiento de trabajadores:
“(…) si algo puede decirse del vasto espectro de luchas, movimientos locales,
culturas nomádicas (…) es que todos estos fenómenos se caracterizan
por su puntualidad, por su oportuno surgimiento precisamente cuando la
separación entre las esferas de lo privado y lo público –factor fundamental
de la subordinación de las mujeres por parte del capitalismo histórico– aparece
en toda su arbitrariedad y fragilidad. Este es de por sí un momento de
‘emergencia’ a la visibilidad y de abierta controversia en torno a problemas
y posibilidades que no pueden resolverse ni comprenderse en el marco
establecido de los papeles e instituciones de género” [como plantea Jean
Franco (1996:91) citando a Nancy Fraser (Lemebel, 1995)].
Para fi nalizar, la lectura de discursos nos permite indagar en el lugar que
la mujer va ocupando en los espacios y en los discursos públicos en la Norpatagonia,
en el marco de los movimientos sociales y los cambios culturales de
las décadas del ‘60 y del ‘70. Por un lado, la prensa nos muestra la presencia
de las mujeres en el Choconazo. Sin embargo, la actuación de esas mujeres
en las huelgas sólo se recupera décadas más tarde, en un relato de vida que
es instrumento de investigación pero, sobre todo, una construcción de la
memoria que permite poner el foco en lo que la prensa de la época no logró
captar: una epopeya de las mujeres.




Bibliografía

Amossy y A. Herschberg Pierrot (2001), Estereotipos y clichés.
Buenos Aires: Eudeba.
Angenot, Marc (1989), Un état du discours social. Montreal: Le
Préambule.
Baczko, Bronislaw (1991), Los imaginarios sociales. Memorias y
esperanzas colectivas. Buenos Aires: Nueva Visión.
Bajtin, Mijail (1991), “Épica y novela (Acerca de la metodología del
análisis novelístico)”, en: Teoría y estética de la novela. Madrid:
Taurus Humanidades.
Barthes, R. (1980) (1994), La cámara lúcida. Buenos Aires: Paidós.
Bassi, Karen (2003), “Th e Semantics of Manliness in Ancient Greece”,
en: Ralph M. Rosen & Ineke Sluiter (ed.), Andreia. Studies in
manliness and courage in classical antiquity. Boston: Brill Academic
Publishers (trad. de Katia Obrist, cátedra de Literatura
Griega Antigua, FaHu, UNCo).
Benadiba, L. y D. Plotinsky (2005), De entrevistadores y relatos de
vida. Introducción a la historia oral. Buenos Aires: FFyL, UBA.
Borrat, Héctor (1989), El periódico, actor político. Barcelona: GGMassMedia.
Bourdieu, P. (1998), La dominación masculina. Barcelona:
Gedisa.
Brennan, James 1996, El Cordobazo. Las guerras obreras en Córdoba.
1955-1976. Buenos Aires: Sudamericana.
Chaneton, Juan (2005), Dios y el diablo en la tierra del viento. Cristianos
y marxistas en las huelgas de El Chocón. Buenos Aires:
Catálogos.
Courtine, Jean Jacques 1981, “Analyse du discours politique (le
discours communiste adressé aux chrétiens)”, Langages, N° 62,
junio.
Franco, Jean (1996), Marcar diferencias, cruzar fronteras. Santiago
de Chile: Cuarto Propio.
Kejner, Emilse M. (2006), ¿Problemas en un sindicato o heroica lucha
contra el Onganiato? Representaciones de las huelgas obreras de
El Chocón (1969-1970). Segundas Jornadas de Historia de la
Patagonia.
Lemebel, Pedro (1995), La esquina es mi corazón. Crónica urbana.
Santiago de Chile: Cuarto Propio.
Matouschek, T. y R. Wodak (1998), “Se trata de gente que con
sólo verla se sabe quién es”, en: L. Martín Rojo y R. Whittaker
(eds.), Poder decir o el poder de los discursos. Madrid: Arrecife.
Maingueneau, Dominique (1991), L’Analyse du discours. Introduction
aux lecture de l’archive. París: Hachette.
Portelli, A. (2001), “Lo que hace diferente a la historia oral”, en:
D. Schwartzstein, Una introducción al uso de la historia oral
en el aula. Buenos Aires: FCE.
Quintar, Juan 1998, El choconazo (1969-1970). Neuquén: Educo.
Raiter, Alejandro et al. (2002), Representaciones sociales. Buenos
Aires: Eudeba.
—— (2003), Lenguaje y sentido común. Las bases para la formación
del discurso dominante. Buenos Aires: Biblos.
Schaeffer, Jean Marie (1990), La imagen precaria. Del dispositivo
fotográfi co. Madrid: Cátedra.
Tcach, César (comp.) (2003), La política en consignas. Memoria de
los setenta. Rosario: Homo Sapiens.
Voloshinov, V. (1926) (1992), El marxismo y la fi losofía del lenguaje.

Las Mujeres y el Choconazo

miércoles, 12 de agosto de 2009

Las Mujeres y el Choconazo


La Aneida: una epopeya de mujeres en una huelga de obreros.
Representaciones de las mujeres que participaron en el Choconazo
(1969-1970)

Griselda Fanese
Emilse Kejner
Universidad Nacional del Comahue



Desde diciembre de 1969 hasta mediados de febrero de 1970, la comisión
presentó algunas quejas sobre los precios de la mercadería, la calidad del
comedor, las condiciones edilicias de los galpones, la higiene, las medidas
de seguridad en las obras, que ya habían causado varias muertes y muchos
heridos. En una asamblea de enero, los obreros dieron a sus delegados el
mandato de asistir al congreso de sindicatos independientes y antiburocráticos
en Córdoba al que convocaba Agustín Tosco, el sindicalista del gremio
Luz y Fuerza que había organizado el Cordobazo. Dicho congreso había sido
prohibido por el gobierno, pero se realizaría de manera clandestina. A su
regreso a El Chocón, los delegados de la obra habían sido expulsados de la
UOCRA por su dirigente nacional, Rogelio Coria. En consecuencia, en pocos
días, fueron desconocidos como delegados por la empresa.
Entonces, surge la segunda huelga. Nuevamente, miles de obreros de las
diferentes empresas paralizan sus tareas. Después de casi un mes, con más de
un 40 % de los obreros exiliados, la UOC de Neuquén intervenida, la policía
de las provincias de Neuquén, de Río Negro, de Mendoza y de Buenos Aires
en la villa, junto con funcionarios nacionales y altos dirigentes de la UOCRA,
los principales dirigentes de la huelga son despedidos sin posibilidad de reincorporación,
detenidos y enviados a Buenos Aires. Así fi naliza la huelga.
El Choconazo se produjo en consonancia con otros confl ictos que ocurrieron
en el país en un corto período de tiempo: el más importante, el Cordobazo
(mayo de 1969); pero también el Rosariazo (septiembre de 1969), el
Cipollettazo (septiembre de 1969), el Viborazo (1971), el Rocazo (1972) sin
olvidar las protestas en Corrientes, en Tucumán y en San Juan. Sin embargo,
algunas particularidades de la realidad de El Chocón como pueblo-empresa,
explican la singularidad de los confl ictos que se desarrollaron en ese marco. El
Chocón no era más que un desierto, a unos ochenta kilómetros de Neuquén.
Allí se habían montado unas pocas casas para los ingenieros y los obreros
califi cados que se habían trasladado con sus familias, y algunos galpones
para los obreros “solteros”. Muchos de éstos eran casados y tenían familia,
pero habían llegado solos a El Chocón.
A pesar de las condiciones adversas, las huelgas de El Chocón fueron apoyadas
por ciudadanos de Neuquén y de Cutral Co que organizaron comités
de solidaridad de los que participaban gremios, estudiantes secundarios y
universitarios, comisiones barriales y clérigos. A partir de ello, puede pensarse
con Quintar (1998) que el confl icto de El Chocón colabora en la conformación
de un frente de nueva izquierda en Neuquén, de las características de los que se venían conformando en los grandes centros urbanos del país y
del mundo. Asimismo, como otras huelgas del momento, el Choconazo fue
un verdadero dedo en la llaga del régimen de la dictadura e incluso incidió
fuertemente en el campo2 del sindicalismo, ya que arremetió, desde la “obra
del siglo” que ponía a la Argentina en el mundo del progreso, contra la burocracia
sindical que apoyaba el gobierno de Onganía.
Las huelgas de El Chocón formaron parte de la generalización y
complejización de la protesta social de los trabajadores y trabajadoras en
Argentina entre 1955 y 1976. Una exploración del diario Río Negro, que formó
parte de una búsqueda de las representaciones de los confl ictos de la época en
diarios y revistas, nos situó ante contrastes entre la presencia de las mujeres
en los espacios físicos e institucionales del confl icto –fi jada en fotografías que
publicó el diario–, y la relativa ausencia de ellas en los artículos periodísticos.
Justamente porque creemos que uno de los factores de la complejización de la
protesta social en esos años fue la creciente incorporación de actores sociales
emergentes –entre ellos, las mujeres– como agentes de movilización social y
cambio cultural, nos enfocamos, entonces, en el análisis de las representaciones
de mujeres en ese diario –hegemónico en la Patagonia desde 1912– y en
otros medios de prensa. Contrastamos la lectura resultante con el relato de
Ana Egea de Urrutia3, una mujer involucrada en el Choconazo. El análisis de
un relato de vida de una entrevista de historia oral nos permitió compartir,
a casi cuatro décadas de aquellas huelgas, la memoria de una participante
2 Entendemos por “campo”, siguiendo a Pierre Bourdieu, un conjunto de relaciones históricas
objetivas que se desenvuelven dinámicamente mediante confl ictos y competiciones que
tienen lugar entre los agentes que ocupan posiciones de poder.
3 Recuperar la memoria de mujeres que participaron en luchas sociales y que fueron escamoteadas
de la historia –o de las crónicas de los diarios de la época– nos induce a referirlas
con su nombre y apellido. El diario Río Negro, durante el Choconazo, mostró fotos de
ellas, las refi rió como “mujeres de destacada actuación”, pero mientras los referentes
masculinos eran citados con nombre y apellido, los nombres de las mujeres se perdían. En
parte queremos recuperar los nombres de las mujeres, los que, aunque se traten de patronímicos
–heredados por vía patriarcal o impuestos por casamiento– son los nombres con
que las conocen sus compañeras y compañeros de movimientos, gremios, etc. Ana Egea,
por ejemplo, estuvo vinculada a Jaime de Nevares y, por eso, es conocida entre la gente
vinculada a la Asamblea por los Derechos Humanos en Neuquén. Cuando empezamos a
preguntar por ella porque queríamos entrevistarla, los que la habían conocido la nombraban
como Ana Urrutia, es decir, su apellido de casada. Cuando hablamos con ella, lo primero
que nos aclaró fue: “Yo soy Ana Egea de Urrutia”. Por eso, la nombramos también con el
apellido del marido, pero sobre todo, como ella quiere, con el del padre.
Referir el nombre completo, en este trabajo, quiere signifi car la recuperación de la persona
y de la mujer en una dimensión amplia. Sin sus apellidos o con un nombre fi cticio, serviría
quizás como dato para la investigación, y serviría su discurso como caso de análisis y de
contraste con el discurso de la prensa. Sin embargo, sólo con el nombre completo se recupera
a la persona, al ser social, a la mujer concreta y su memoria.
activa y, al mismo tiempo, nos permite recuperar el papel de las mujeres en
las luchas sociales de la época y que la prensa hegemónica no registró.
— 2 —
Sujeto social/sujeto textual
El discurso es una práctica social que se constituye a partir de otras
prácticas y que, simultáneamente, las constituye. En este sentido, los sujetos
sociales se convierten en “sujetos textuales” (Angenot, 1989) en el interior
de los discursos, al tiempo que son respaldados por los discursos –propios
y ajenos– en sus posibilidades de actuación social. Esto es particularmente
cierto en momentos históricos clave en que alguna formación discursiva4
parece incidir en los cambios sociales. El análisis de los discursos sociales,
en estos casos, deja ver las manifestaciones de los sistemas de producción,
circulación e incluso regulación de las ideas y de las concepciones de lo real
construidos en discursos como la prensa.
La noción de práctica discursiva integra dos elementos. Por un lado, la
formación discursiva, y por otro, la comunidad de discursos, el grupo o red
de grupos dentro de los cuales son producidos y administrados los textos de
una formación discursiva (Maingueneau, 1991).
Leer diarios viejos, en este sentido, nos permite indagar en las maneras en
que se confi gura una identidad, una memoria o, en este trabajo en particular,
las formas en que inciden los discursos en el imaginario (Baczko, 1991) de una
comunidad, entendida ésta como comunidad comunicativa –un periódico
y sus lectores–, comunidad semiológica –se comparten formas de decir– y
comunidad discursiva –sus miembros comparten conocimientos y creencias
sobre el mundo–. Esta última es la que, en defi nitiva, tiene el poder de formar
opinión. Así, la prensa forma, legitima y pone en circulación discursos que
pugnan por el dominio del sentido común sobre las creencias individuales
(Raiter, 2003:171), sobre todo en momentos clave en la historia de una comunidad.
En los momentos de protesta o de confl icto, particularmente, los
periódicos ponen en escena fi guras que revelan sentidos en disputa en la
sociedad, y que dan cuerpo y lugar en la esfera pública a concepciones cuya
discusión –explícita o implícitamente– se instala en la comunidad.
Los periódicos actúan políticamente (Borrat, 1989) –ya se trate de políticas
empresariales, partidarias u otras– y es en esta medida que el análisis
de discursos de la prensa puede mostrar tanto el horizonte que un diario
4 Una formación discursiva es manifestación en el discurso de una formación ideológica en
una situación de enunciación específi ca. Es una matriz de sentidos que regula lo que los
sujetos pueden o deben decir y también lo que no puede o no debe ser dicho (Courtine,
1994).
construye en función de capturar conciencias como la doxa que acata para
captar lectores. Como plantean Matouschek y Wodak (1998), en gran medida
la prensa –sobre todo la que se ubica hegemónicamente en relación con otros
actores– muestra ante sus lectores perspectivas y valores con los que éstos
puedan acordar. Esto signifi ca que, por un lado, un diario actúa políticamente
al instalar un temario y al contribuir a la construcción de imágenes de los
“protagonistas” de la vida social; pero, por otro, también actúa políticamente
al dirigirse al público desde el sentido común (Raiter, 2003)5 de una época.
Puesto que el lenguaje es la materialización de la conciencia (Voloshinov,
1926), lenguaje, conciencia (individual) e ideología (social) forman parte de
una misma e indivisible herramienta cognitiva. El lenguaje en uso6 forma
y complejiza representaciones7 del mundo, y posibilita la transmisión y el
intercambio de representaciones entre las personas. Es a través del lenguaje
que las representaciones trascienden el mero refl ejo del mundo: pueden ser
algo diferente, pueden completarlo o agregarle elementos. También a través
del lenguaje se establecen relaciones entre las representaciones de los individuos,
que como consecuencia de los mecanismos comunicativos pueden
devenir sociales, mientras simultáneamente, como efecto de los discursos, las
representaciones sociales devienen en representaciones de los individuos.
No todas las representaciones pueden convertirse en sociales y, al mismo
tiempo, no es difícil aceptar que hay personas que no comparten algunas o
todas las representaciones de su comunidad8. Sin embargo, son las representaciones
socialmente compartidas las que garantizan la cohesión social: sin
ellas, la comunidad no existiría. En este sentido, los discursos de la prensa
hegemónica imponen imágenes y establecen una agenda de representaciones
activas en un momento dado desde un lugar de poder simbólico, el del conocimiento
de la verdad y el del relator objetivo: este lugar social es construido
por la prensa misma en sus enunciados.
La persona que habla desde su memoria individual, por lo contrario,
entabla una batalla simbólica con los discursos dominantes. La mujer que
habla de sucesos del pasado en los que ha participado, conoce, además, que,
si se trata de hacer memoria, la dominación es masculina. Como plantean
5 Raiter explica la noción de “sentido común” en términos de “discurso dominante”.
6 Los enunciados efectivamente emitidos por hablantes reales en el seno de una comunidad
concreta, en un momento histórico y social determinado.
7 Las representaciones individuales son imágenes prototípicas que cada individuo construye
en su mente a partir de las percepciones particulares. Es decir, realiza una operación mental
sobre lo percibido y almacena el resultado de la operación. Las imágenes previamente
existentes intervienen condicionando las imágenes resultantes de las nuevas percepciones.
(Raiter, 2002).
8 Para una ampliación de este concepto, véase Raiter (2002).
Benadiba y Plotinsky (2005), tanto la “memoria popular” como la cultura dominante
–capitalista y masculina (Bourdieu, 1998)– se apoderan del pasado
y administran los recuerdos y los olvidos, manipulando las interpretaciones
y las perspectivas.
En esa batalla, la memoria individual activa una agenda de representaciones
alternativas que pueden cobrar dimensión social en la medida en que una
formación discursiva emergente –como la historia escrita desde la perspectiva
de las mujeres– realiza una labor de inclusión de esa memoria individual
y de esas representaciones alternativas. De ahí que consideremos que este
trabajo de lectura de diarios viejos y de entrevistas orales puede contribuir a
la escritura de una historia de las mujeres trabajadoras en la Patagonia.
— 3 —
Algunas observaciones sobre el corpus que analizamos
En nuestra investigación hemos recolectado un corpus heterogéneo,
constituido por secuencias discursivas producidas por diversos locutores y
a partir de posiciones ideológicas heterogéneas. En cuanto a la prensa gráfi ca
de la época, el proceso de investigación incluyó las notas que publicó, entre
el 7 de marzo de 1969 y el 15 de mayo de 1970, el único diario de la Norpatagonia
en ese momento, el Río Negro9; la prensa nacional (los diarios La
Nación y La Razón) y los semanarios Análisis y Confi rmado, así como alguna
prensa partidaria (La Vanguardia y Nuestra palabra). En este trabajo, nos
referiremos a las ediciones del Río Negro enmarcadas en las fechas señaladas,
en particular, la edición del 18 de mayo de 1969.
Por otro lado, entrevistamos a protagonistas del confl icto: Ana Egea de
Urrutia, una mujer que participó activamente en la huelga; otra mujer que
integró la comisión de solidaridad con los obreros, Sara Garadonik; y dos
obreros dirigentes de la huelga, Armando Olivares y Pascual Rodríguez. En
este trabajo, nos referiremos a la entrevista que hicimos junto a Ana Egea.
El corpus construido tiene dimensiones complejas, puesto que combina
restricciones opuestas en una –o varias– dimensión(es) (Courtine, 1981).
En nuestro caso, las restricciones opuestas tienen que ver con la dimensión
temporal: secuencias discursivas producidas a la vez en sincronía o simultaneidad
temporal (como las de la prensa gráfi ca) y en diacronía o secuencialidad
temporal (como las entrevistas). Esas restricciones también tienen que
9 El diario Río Negro se difunde a lo largo y a lo ancho de las provincias de Río Negro y
Neuquén. La familia Rajneri (que aún lo dirige) lo fundó en 1912, en la ciudad de General
Roca, Río Negro. En 1969 era el único medio de comunicación del Alto Valle. Hoy, la
familia Rajneri es dueña de un poderoso grupo económico con principal asiento en los
medios de comunicación pero también en otras inversiones económicas.
ver con el modo de producción de las secuencias discursivas reunidas: un
corpus constituido a partir de archivos (como la prensa gráfi ca) y un corpus
experimental (producido a partir de entrevistas empíricas).
Nuestro corpus ha sido heterogéneo también en otro sentido. Como la
fotografía de prensa suele estar al servicio de la estrategia de comunicación
del testimonio, hemos incluido en el corpus algunas fotografías. El testimonio
supone siempre la conjunción de la imagen y de un mensaje paraicónico, en
parte narrativo. Por eso, la imagen funciona como prueba empírica. Si bien
el valor de la fotografía es relativo, la imagen tiene un papel crítico, porque
su utilización acrecienta la fuerza persuasiva en la construcción de representaciones,
y en ese sentido el periódico aprovecha su carácter icónico indicial
(Schaeff er, 1990). De ahí que hayamos incluido en el corpus fotografías de
Ana Egea junto a otras dos mujeres en el campamento (Río Negro10); de Ana
Egea y un grupo de obreros (La Razón) y de una joven mujer, Emma Mansilla,
junto a una olla popular (semanario Análisis11). Sin embargo, el análisis de
esas fotografías queda fuera del presente trabajo.

1 Reclamaban 40% de aumento salarial; medidas de seguridad para evitar o enfrentar derrumbes;
medidas de seguridad durante las voladuras; liquidaciones de sueldos quincenales
con recibos legibles; adicionales por trabajos en que arriesgaran la vida; autorización para
hacer asambleas de trabajadores. Denunciaron maltratos de obreros por parte de capataces;
negligencia en el tratamiento de accidentados; venta de herramientas a los obreros por parte
de las empresas que los contrataban.

miércoles, 17 de junio de 2009

Lo que quedó de la Villa Temporaria

La villa temporaria que en la época de la Obra del Chocón albergó más de 5000 obreros con sus familias, la escuela Primaria, El Cine, el Banco, el Mercado , los hogares, la plaza son parte del recuerdo...
En el lugar pocas construcciones siguen en pie custodiando el pasado reciente que clama que se lo recuerde.Testigos silenciosos de la lucha de obreros que con su protesta, solo pretendían lograr una vida digna y calidad de vida para sus familias y para la de otros compañeros.
Para algunos la huelga se perdió, mientras que para la mayoría , sin el esfuerzo, el sacrificio y la entrega que demostraron los obreros del Chocón , probablemente las condiciones de vida de los que los vinieron después no habrían mejorado y la dignidad obrera no se habrían conseguido.

viernes, 29 de mayo de 2009

EFECTOS DE LA REPRESA DEL CHOCÓN III


EL RELATO DE LOS QUE TUVIERON QUE IRSE....



Referencia de fotos: Antes de un año la población neuquina será anegada por el lago artificial que producirá la construcción de la gran represa patagónica. SIETE DÍAS investigó la curiosa situación de Picún Leufú, un pueblo que deberá ser fundado por tercera vez mientras sus 600 habitantes aguardan que tanto Hidronor como el gobierno provincial cumplan con sus promesas de proveer a los futuros emigrantes con casas y tierras propias.

fotos extraidas de Magicas Ruinas


LA REPRESA DE EL CHOCON

Esta presa, ubicada a 60 km de la ciudad de Neuquén sobre el río Limay, produjo relocalizaciones tanto en ámbitos rurales como urbanos. Las mismas se caracterizaron por la compulsividad con que fueron ejecutadas dado que en ningún momento se consideró la opinión de la población afectada ni se propició su participación. Desconocemos la situación actual de los pequeños crianceros que habitaban en la zona aledaña al actual lago Ramos Mexía, aunque podemos afirmar que no se llevó a cabo ningún tipo de acompañamiento hacia estos pobladores, “ocupantes precarios de tierras fiscales” (“fiscaleros” según la denominación popular); los cuales debido a esta figura jurídica en relación a su modalidad de asentamiento rural, no contaban con ninguna protección legal. Los mismos fueron desplazados sin contemplaciones de las tierras que ocupaban, debiendo abandonar sus viviendas e instalaciones rurales.


No obstante, contamos con algunos testimonios del año 1978 recogidos mediante entrevistas grabadas, efectuadas por la lingüista Leonor Acuña durante un relevamiento en el área de El Chocón sobre la margen rionegrina del río Limay.

Los testimonios son una muestra elocuente del impacto causado sobre estos “fiscaleros” cuyo destino más probable habría sido engrosar el área marginal urbana de las ciudades del Alto Valle del Río Negro y Neuquén.

La pérdida del “capital” (el rebaño) era una constante en la descripción de las pejuicios sufridos por los pequeños productores.

“Mi abuela antes pagaba pastaje y tenía animales. Y así se vivía. Porque esto es todo fiscal. Pero El Chocón no trajo nada bueno.” (...) “Nosotros sabíamos tener muchas chivas, nosotros cosechábamos doscientos, trescientos, hasta cuatrocientos animales chiquitos, así, cualquier cantidad y ¿ahora? Vaya a juntarlos.” (...) “C. llegaba hasta setecientas chivas propias de él, ajuera de las mías y ajuera de las de mamá (en mediería). (...) Teníamos casi mil chivas. Teníamos angora, y anteriormente, eran chivas criollas. Y ahora cuántas quedan aquí, quedarán doscientas y algo de chivas, doscientas sesenta habrá.”(Pobladora del área de El Chocón afectada por el embalse artificial – Entrevista de L. Acuña, 1978).

Otros afectados rurales, a pesar del desamparo a que los sometió Hidronor, lograron recomponer mínimamente su unidad de explotación reubicándose por su cuenta en el medio rural tal como se detalla en el siguiente testimonio:

“Nosotros, cuando se vinieron a hacer El Chocón, acá, R. tenía vacunos, tenía como ochenta vacunos y una majada linda de ovejas, tenía como trescientas ovejas, y entonces ocupaba todo el barrial allá donde está todo lleno de agua, (...) todo eso con las vacas, las ovejas. Todo eso era unlindo campo para este lado. Bueno, ya después vinieron a trabajar, así que ya le avisaron que tenía que salir de ahí. Teníamos puesto aquí en la costa y allá en el barrial. Entonces, ya tuvo que sacar los animales incluso las vacas tuvo que venderlas todas porque ya no tenía adónde tenerlas. Así que se quedó sin chivo, sin oveja, sin vacuno, sin nada, ¿vio? Se quedó con los puro yeguarizo, y después sí, mi mamá dijo: -´Yo no vendo ni nada. Tenga a donde tenga que ir, voy a ir con mis animales´-. Se fueron a la Aguada.(Guzmán)” (poblador de El Chocón, margen rionegrina del río Limay – Entrevista de L. Acuña, 1978).

El incremento de diversas parasitosis de los ovinos fue otro impacto sufrido por los pequeños productores ribereños del río Limay como consecuencia del estancamiento artificial de la aguas del embalse Ramos Mexía.

“Antes, casi no había saguaipé (parásito del ovino). Mire que yo tuve aquí ovejas cuando estuve ahí que era una rinconada y había lagunas, agua estancada, y a mí no se me murió una oveja nunca” (Criancero de El Chocón – Entrevista de L. Acuña, 1978).

Algunos pobladores debieron emigrar ante la inminente inundación de los campos, regresando algunos de ellos luego de transcurrido algún tiempo. La impresión causada ante la visión de los cambios acaecidos se ilustra en el siguiente relato. “¡Uh! ¿Usted sabe el día que yo vine de Neuquén? (...) pasó un año, porque no pude venir y vine un día y encontré un puente flotante que había aquí cuando recién se empezó El Chocón. Y acá, del bajo, la Villa Temporaria. Usted sabe que a mí, cuando yo vi el puente, eso, me quiso agarrar como una deseperación así, qué sé yo. Porque yo a esto lo conozco como la palma de mi mano. Tanto de aquí y del otro lado y de este lado y ya vi todo cambiado. ¿Usted sabe? ¡Qué desesperación jue para mí ver todo esto así! ¿Usted sabe lo que es? Yo nunca pensé que yo me iba a emocionar una cosa así, que me iba... Yo no dije nada, ¿vio? Porque mi hermana dijo: -Vamos, vamos-.”(...) “Cuando vine, estaba el destacamento y el puente flotante y los camiones que iban, que venían (...) da pena de ir a ver eso. Qué sé yo, para mí jue algo increíble de lo que vi, porque nunca pensaba... (...) Porque, anteriormente, cuando empezaron a hacer el estudio, yo venía cada tanto y vi todo el estudio que hicieron, (...) que le hicieron al río, a la tierra, ¿vio? Perforaban al medio del río esas máquinas, todo eso vi yo, ¿vio? Pero ya cuando pasó un tiempo, cuando vine, estaba todo hecho.

Así que... ¿Usted sabe lo que es venir y ver todo distinto? Usted ve eso para allá y después de aquí a un año que venga y que sea otra... Más, que nosotros lo hemos criado acá. Usted veía esa barda allá todo lleno de chivas, muchos animales. Y después, venir y no ver nada y ver todo un pueblo. Era... ¡Ay! ¡Cuando llegué! ¡Ay, Dios! ¡Qué triste! Jue una tristeza para mí... No fue alegría que me dio, ¿vio? A mí no me dio una alegría de ver eso un pueblo, sino jue una tristeza, y de ver todas las bardas acá, todo hecho pedazos, ya, todo distinto.” (...) “Está todo dado vuelta. (...) Ahí había islas. ¿Cuántos islotes ocupábamos nosotros para meter los animales? Y cuando vine estaba todo lleno de agua y no había nada. Incluso, ande estaba la casa de nosotros, ni se veía. Estaba hasta arriba de agua. Imnagínese lo que sería para mí, ¿no? Yo no dije nada, pero... Me la aguanté. Casi me ha dado ganas de llorar. Qué sé yo. Que se termina lo natural, lo que uno ha visto en su vida y después, todo al revés, distinto...” (pobladora emigrada de El Chocón, margen rionegrina del río Limay – Entrevista de L. Acuña, 1978).

EFECTOS DE LA REPRESA DEL CHOCÓN II


ASPECTOS DEMOGRAFICOS
De acuerdo con el Censo Nacional de Población y Vivienda de 1991 el departamento
contaba con 3.333 habitantes, distribuidos entre 1.796 varones (53.9%) y 1.537 mujeres (46.1%),
con un índice de masculinidad de 116, el cual estaría señalando la incidencia de la inmigración
masculina hacia la planta urbana y la emigración femenina desde la zona rural. A su vez la densidad
total del departamento según el censo mencionado era de 0,7 habitantes por km2, en cambio en los
Censos Nacionales de 1970 y 1980 dicha densidad era de 0,3 y 0,4 habitantes por km2
respectivamente. Por su parte, el pueblo de Picún Leufú durante la misma medición contaba con un
total de 2.526 habitantes, de los cuales 2.054 (81.3%), se encontraban en la zona urbana y 472 en la
rural (18.7%). Asimismo si comparamos estos datos con los del Censo Nacional de 1970 (el
momento del reasentamiento), podemos apreciar la marcada diferencia poblacional existente durane
un período de 21 años. En efecto, en 1970, año previo a la relocalización, la localidad de Picún
Leufú contaba con un total de 578 habitantes, con 133 (23%), establecidos en la zona urbana y 445
(77 %) en el área rural. En el siguiente Censo Nacional realizado en 1980 el pueblo contaba con
1.075 habitantes, de los cuales 597 habitaban en el sector urbano (55.5%), y 478 en el rural
(44.5%). Había crecido un 185.9% en dicho período intercensal, en particular la planta urbana. En
cambio, en el período comprendido entre los censos de 1980 y 1991 el crecimiento fue mayor,
alcanzando el 234.9%, siendo la tasa media de acrecimiento anual en dicho período de 45.7%.
Como contraste podemos apreciar que durante el Censo Nacional de 1960 el departamento Picún
Leufú en su conjunto (incluyendo otras localidades rurales y urbanas), contaba con un total de 1.625
habitantes distribuidos entre 299 familias (Dirección Nacional de Estadísticas y Censos 1960).
Por otra parte, el total estimado para el departamento en su conjunto para el año 1996 era de
3.800 pobladores, percibiéndose un crecimiento del 14% respecto a la medición de 1991 y de 114
,5% en el período de 36 años comprendidos entre 1960/96. A su vez se estimaba para el año 2000
una cifra aproximada de 4820 habitantes. Teniendo en cuenta esta estimación y relacionándola con
los datos del Censo de 1991 podemos obtener la tasa media anual de crecimiento, la cual para dicha
década fue del 38.5 por ciento (Provincia del Neuquén 1999).
Extraído de CUADERNOS DE ANTROPOLOGIA, Nº 20. E/P.INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGIA Y PENSAMIENTO LATINOAMERICANO
(INAPL) ."A TREINTA AÑOS DEL REASENTAMIENTO DE PICUN LEUFU" Autores:Alejandro Omar Balazote *Juan Carlos Radovich

EFECTOS DE LA REPRESA DEL CHOCÓN I


A TREINTA AÑOS DEL REASENTAMIENTO DE PICUN LEUFU
Alejandro Omar Balazote *
Juan Carlos Radovich **

El pequeño pueblo neuquino de Picún Leufú fue la primera localidad de la región Comahue
en sufrir un proceso de reasentamiento forzoso debido a la construcción de una gran represa
hidroeléctrica. En efecto, hacia comienzos de la década de 1970, la construcción del complejo El
Chocón-Cerros Colorados, denominada entonces “la Obra del Siglo”, motivó el reacomodo de la
población urbana y rural de dicha localidad debido al llenado del embalse artificial “Exequiel
Ramos Mexía”, generando una serie de impactos cuyos alcances se extienden hasta el presente.
Sin embargo, Picún Leufú varias décadas antes, ya había experimentado una serie de
traslados de su planta urbana, cuyos recuerdos permanecen en la memoria colectiva de su
población. En esos casos el reasentamiento se debió a razones diferentes como veremos más
adelante.
ASPECTOS GENERALES DE LA LOCALIDAD
Picún Leufú significa “Arroyo del Norte” en lengua mapuche, cuyas nacientes se
encuentran en la sierra de Chachil en el centro de la provincia de Neuquén. Luego de un recorrido
de aproximadamente 150 km, durante el cual forma un fértil valle, desemboca en el lago artificial
“Exequiel Ramos Mexía” (816 km2 de superficie y 80 mts. de profundidad).
El departamento del mismo nombre se encuentra asentado en el sector Centro-Este de la
provincia. En su totalidad posee una extensión de 4.580 km cuadrados. Picún Leufú, cabecera del
departamento se encuentra emplazada sobre la ruta nacional Nº 237, a una distancia de 135 km de
Neuquén Capital, a 300 km de San Carlos de Bariloche, a 56 km de El Chocón, a 92 km de Piedra
del Aguila, a 150 km de Zapala y a 78 km del núcleo Cutral Có-Plaza Huincul (Varios autores
1980).
* UBA abalazot@fibertel.com.ar
** INAPL-CONICET-UBA ivi@bibapl.edu.ar
BREVE HISTORIA DE PICUN LEUFU

El coronel Enrique Godoy crea el Fortín Picún Leufú el 1º de diciembre de 1882. Al año
siguiente, el 17 de diciembre de 1883, el mismo militar ya promovido al grado de general, decide
reemplazar el nombre de la localidad por el de “Cabo Alarcón”, en homenaje al suboficial del
Ejército, que durante las acciones militares llevadas a cabo contra los aborígenes de la región, murió
durante una misión de correo. Desde aquel momento dicho fortín con una dotación de 20 hombres
se constituyó en un paso obligado hacia la Cordillera de los Andes. La localidad contaba con
escuela, un palomar militar, comisaría, registro civil/juzgado de paz, almacén de ramos generales,
herrería, carpintería, fábrica de carros, etc. (Astigarraga 1982).
Entre los primeros pobladores, algunos de los cuales ya se encontraban en la zona hacia
1897, había, además de indígenas y criollos, españoles, italianos, chilenos, uruguayos y
vascos/franceses. Algunos de ellos se habían desempeñado como militares durante la campaña de
exterminio llevada a cabo contra los indígenas. La mayoría de los pobladores de origen europeo, se
dedicó a la ganadería en predios de cierta extensión, mientras que los migrantes criollos
provenientes de Chile en su mayoría, se concentraron principalmente en parajes cercanos como
Limay Centro, Paso Aguerre, El Sauce y Cerro León, dedicándose a la pequeña producción
doméstica agropecuaria, complementada con el trabajo asalariado en los establecimientos ganaderos
de la zona (Caminotti 1999).
En el año 1912 ocurrió la primera relocalización de población e infraestructura como
consecuencia del traslado de la escuela local, la comisaría y el palomar militar, produciéndose el
decaimiento de la importancia del lugar al quedar reducido a un establecimiento ganadero y un local
de comercio. Ello se debió principalmente a que algunos propietarios de la zona comenzaron a
alambrar sus “propiedades”, es decir a delimitar las tierras que reclamaban como propias, en una
época signada por la confusión e imprecisión en la demarcación y tenencia de los predios. Algunos
testimonios atribuyen el traslado al problema de las frecuentes inundaciones que el área sufría
(Caminotti 1999). El traslado del centro de servicios se realizó a una distancia de 18 kilómetros al
oeste de la desembocadura del arroyo Picún Leufú. Según el mismo autor, la decadencia de Picún
Leufú como centro de importancia debido a su estratégica ubicación geográfica en la ruta entre el
Alto Valle del Río Negro y la zona cordillerana, se debió al trazado de la vía férrea hacia Zapala en
el centro de la provincia. Esta decisión, en lugar del trazado a través de Picún Leufú selló la suerte
del poblado, el cual fue perdiendo importancia paulatinamente y en forma simultánea al crecimiento
de Zapala, especialmente a partir de 1915. Hasta entonces, Picún Leufú se había constituido
también como centro nodal de recepción y distribución de mercaderías producidas en la zona, como
por ejemplo, lanas, cueros y otros frutos, provenientes de las localidades rionegrinas de Mencué, El
Cuy, Lonco Vaca y Naupa Huén; las cuales eran transportadas en una balsa a través del río Limay
para luego ser enviadas hacia otras localidades del país como por ejemplo Bahía Blanca o Buenos
Aires. De esta manera y mediante otra investigación que realizáramos en la localidad de Naupa
Huén y en la reserva indígena de Pilquiniyeu del Limay (Balazote 1995 y Radovich 2003),
compartimos la opinión de Caminotti cuando afirma “(que) el río Limay no era una frontera o límite
que dividiera a los territorios de Neuquén y Río Negro, sino que por el contrario era una vía de
unión, en la que se desarrollaba un intenso tránsito y un comercio e intercambio entre ambas
orillas” (Caminotti 1999:4). Estos datos nos permiten conceptualizar una especie de micro-región
cuyo centro estratégico era Picún Leufú, en torno al cual se articulaban una serie de intercambios
entre las estancias ubicadas sobre las márgenes del río Limay y los pequeños chacareros ubicados
sobre tierras fiscales que practicaban una economía llevada a cabo por los miembros de la unidad
doméstica, algunos de los cuales en forma estable y otros en forma temporaria vendían su fuerza de
trabajo como peones en los establecimientos ganaderos vecinos. Estos establecimientos tenían una
gran importancia para la región, dado que por ejemplo la estancia San José, perteneciente a la
Compañía Inglesa de Tierras contaba con aproximadamente unas 20.000 cabezas de ganado lanar,
empleando en el momento de mayor auge un total de 60 peones en épocas de esquila (testimonio de
B. Z. nativo de Lonco Vaca, citado en Caminotti 1999). Este establecimiento junto con la estancia
“Soteras” estaban emplazados en la ribera rionegrina, mientas que las estancias “Cabo Alarcón”,
“Pantanitos” y “El Mangrullo” se ubicaban sobre la margen neuquina del río Limay.
Por otra parte, el 12 de diciembre de 1940 se considera la fecha de la segunda fundación del
poblado, debido a la firma del decreto Nº 79.488 por parte del entonces Presidente de la Nación,
Ramón Castillo. El pueblo constaba de 36 manzanas, sobre las cuales se encontraba el centro
comunitario en solares donados por un particular de la zona.
Trabajo extraído de CUADERNOS DE ANTROPOLOGIA, Nº 20. E/P.
INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGIA Y PENSAMIENTO LATINOAMERICANO
(INAPL)